Todo lo que quisiste saber pero nadie te pudo explicar
“The world has enough for everyone’s needs, but not for everyone’s greed”
- Mahatma Gandhi
Desde que la crisis financiera se desató el año pasado, muchos me han preguntando que les explicara las causas y las consecuencias de este desastre (ya ven, siempre es bueno tener un economista en sus vidas). Me he dado cuenta que la mayoría de la gente, si bien han seguido las noticias, no comprenden fácilmente la manera en que el sistema financiero internacional casi colapsó por culpa de unas hipotecas. Esto lo atribuyo al hecho de que el lenguaje de las finanzas es simplemente inentendible: tan solo los nombres de algunos de los nuevos y exóticos instrumentos que inflaron los bolsillos de tantos bancos bastan para dar un dolor de cabeza (ya ni siquiera explicar en detalle cómo funcionan). Así que me propuse escribir las principales preguntas que se podrían tener sobre la crisis y ofrecer una respuesta simplificada, que cualquiera pueda entender aunque no se tenga un título en economía o actuaría. No sé si lo haya logrado (si queda alguna duda sobre lo que sea, para eso están los comentarios) pero espero que después de leer esto, tengan una idea más clara sobre cómo se originó la crisis y qué nos espera.
Todo empezó con una burbuja…
¿Qué es una burbuja económica?
Una burbuja económica es un fenómeno donde hay un alza de precios en algún mercado (digamos, el mercado inmobiliario o en la bolsa de valores) a niveles considerablemente por encima de su valor intrínseco. Las burbujas pueden ser causadas por especulación (es decir, el aprovechamiento de un beneficio inmediato) o por factores socio-psicológicos y por lo tanto, es uno de los fenómenos económicos menos entendidos (porque la mayoría de los economistas siguen pensando ingenuamente que no hay nada que la teoría económica no pueda explicar). Las burbujas inevitablemente estallan (violentamente) cuando dicho mercado se vuelve insostenible y han sido la causa de algunas de las más notables crisis económicas de la historia incluyendo la Gran Depresión (burbuja bursátil), la recesión Japonesa de los años 90 (bursátil e inmobiliaria), el colapso de los dot-coms en el 2000 (burbuja bursátil) y la crisis financiera actual (burbuja inmobiliaria).
¿Qué creó la burbuja actual?
La raíz de la burbuja inmobiliaria tuvo su origen internacional por un desequilibrio global en los gastos y ahorros mundiales. Tras las crisis de los años noventa (Latinoamérica en 1994, 1999 y 2001, Rusia en 1998 y Asia en 1997), los países emergentes comenzaron a registrar superávits considerables. Esto se sumó a los ahorros de los países productores de petróleo gracias al aumento del precio del crudo para crear algo que Ben Bernanke (actual jefe de la Reserva Federal) llamó el global savings glut. Debido a que las tasas de interés en los Estados Unidos se encontraban en niveles bajos después de la recesión del 2001 y el 11 de Septiembre, los inversionistas de estos ahorros buscaron mercados más lucrativos aunque más riesgosos. Encontraron su paraíso en el mercado inmobiliario que comenzó a registrar alzas significativas desde 1997 y luego fue impulsado aún más por el aumento en las hipotecas sub-prime durante la presente década.
¿Qué son las hipotecas sub-prime?
Las hipotecas sub-prime son hipotecas ofrecidas a individuos que no reúnen las garantías para hipotecas normales, generalmente debido a un historial crediticio poco favorable. Debido al riesgo adicional de incurrir en una suspensión de pagos (default), las hipotecas sub-prime poseen tasas de interés mayores que las hipotecas normales y por lo tanto, rinden más para aquellos que invierten en ellas. El mercado de hipotecas sub-prime creció extraordinariamente durante la década actual: entre el 2004 y 2006, por ejemplo, representaron más de 20% de todas las hipotecas nuevas. Esto fue en parte gracias a un impulso consciente del gobierno de los Estados Unidos para fomentar la compra de vivienda para todo aquello que de otra forma no hubiera podido financiar una casa propia (el famoso “sueño Americano” que tantos anhelan) pero también por la aparente eliminación del riesgo como factor de consideración en las operaciones financieras.
¿Cómo se eliminó el riesgo?
El mundo ha visto un proceso de “financialización” desde los años setenta gracias a la desregulación de muchos sectores financieros mundiales y la eliminación de controles de capital que limitaban el flujo de inversiones entre países. Las operaciones financieras se volvieron cada vez más sofisticadas con la creación de nuevos instrumentos -como los derivados- cuyo propósito era reducir el riesgo para los inversionistas y así permitirlos llevar a cabo inversiones más riesgosas pero como mayores rendimientos. Por otro lado, los procesos de “securitización” permitían que las hipotecas fueran comercializadas como si fueran acciones o bonos. Para darles una idea de la magnitud de dinero que se maneja en el mundo financiero, tan solo el mercado de derivados intercambiados over-the-counter (es decir, entre instituciones directamente y no mediante una bolsa) a mediados del 2008 era de casi $700 billones de dólares, ¡más de 12 veces mayor al PIB mundial! Otro ejemplo: el mercado de divisas internacionales era de 3.2 billones de dólares diarios, o sea que cada día se intercambiaban divisas a un volumen similar al tamaño de la economía alemana. Era una fiesta que parecía no tener fin y las voces disidentes -como la de Warren Buffet que advirtió desde el 2003 que los derivados eran “armas financieras de destrucción masiva”- pasaban desapercibidas entre los que se hacían ricos.
¿Cómo funcionan los derivados?
Los derivados son instrumentos financieros cuyo valor se deriva del valor de otro activo, llamado el activo subyacente. Hay tres tipos fundamentales de derivados: futuros/forwards, opciones y swaps. Para explicar uno de estos, un futuro es un contrato para comprar o vender un activo en una fecha futura a un precio determinado hoy, así reduciendo el riesgo de algún efecto inesperado sobre los precios durante la duración del contrato (ejemplo: un productor de trigo podría establecer un contrato de futuros con un panadero antes de la cosecha y así asegurar su venta). En los últimos años, también se han popularizado una serie de “derivados exóticos”, tal como los collateralized debt obligations (CDO) y los credit default swaps (CDS), cuyo objetivo es transferir el riesgo de sus activos subyacentes (como digamos, una hipoteca sub-prime). Gracias a la existencia de derivados, los inversionistas se han vuelto más propensos en hacer inversiones riesgosas ya que estos instrumentos ayudan a que se “cubran” de pérdidas potenciales ya que la pérdida en una inversión se cubre con la ganancia en otra. Esto en inglés se le llama hedging. Como ejemplo, un CDS es un tipo de seguro que te paga un monto pre-establecido (a cambio de una prima) en caso de que otro instrumento entre en default. Por lo tanto, puedes invertir en un bono riesgoso si lo cubres con un CDS: si el bono entra en default, cobras el CDS y minimizas tu pérdida.
¿Cómo se comercializan las hipotecas?
Una hipoteca no es un activo fácil de comercializar. Digamos, por ejemplo, que existe un riesgo de que 10% de las hipotecas sub-prime entren en default. Un banco podría comercializar 100 de sus hipotecas pero eso significa que 10 de ellas hipotecas “malas” no le redituarán nada al inversionista aún si el mercado hipotecario sigue a la alza. Ningún inversionista quiere ser uno de esos 10, así que el banco decide juntar esas 100 hipotecas en un activo nuevo el cual luego se divide en varias partes que se comercializan como si fueran bonos y se respaldan con el valor del total de dichas hipotecas (este proceso se llama securitization), su rendimiento siendo un poco mayor a la tasa de interés de la hipoteca inicial (porque la compañía que “securitiza” tiene que ganarle algo, ¿no?). El resultado es que el riesgo de 10% ahora se transfiere equitativamente entre estos activos nuevos, que ahora se llaman mortgage-backed securities (MBS). Como inversionista, ya no corres el riesgo de que la hipoteca que compraste entre en default, en el peor de los casos solo perdiste 10% (pero como el mercado hipotecario estaba a la alza, es muy probable que aún saldrías con alguna ganancia). Mejor aún, puedes “colateralizar” muchos MBS en un instrumento nuevo -el ya mencionado CDO- que funciona como otro bono pero con diferentes tramos de riesgo. Y para jugártela seguro, cubres esos CDOs con CDSs. ¡Magia!
¿Quién hace todo esto?
Principalmente, los bancos de inversión. Los bancos de inversión no son como los bancos normales: no se dedican a recibir depósitos sino a la generación de capital y otras operaciones financieras especializadas para instituciones y gobiernos. Una de sus principales funciones es de emitir o comercializar valores (tal como acciones, bonos y derivados) algo que se llama underwriting. Los bancos de inversión -más que los bancos comerciales- recurren al apalancamiento (o sea a endeudarse) para financiarse y esto puede llegar a niveles estratosféricos: Lehman Brothers, por ejemplo, se había apalancado más de 30 veces de su valor de mercado antes de colapsar (lo cual significa que si sus activos perdieran más de 1/30 de su valor, se volvería insolvente). Otras instituciones encargadas de estas complejas operaciones financieras incluyen los bancos comerciales, hedge funds, los fondos de inversión, y las agencias especializadas en “securitizar” hipotecas, como Fannie Mae y Freddie Mac en Estados Unidos. Finalmente, cabe mencionar el rol de las agencias calificadoras de riesgo como Moody’s y Standard & Poor’s, que han sido criticadas por no evaluar correctamente el riesgo de estos nuevos instrumentos financieros, frecuentemente otorgando las calificaciones más altas a activos respaldados por las hipotecas más riesgosas.
¿Qué salió mal?
El problema que generó la crisis fue la repentina caída en el precio de la vivienda en Estados Unidos en el 2006 dada la insostenibilidad de los precios creados por la burbuja. La caída de precios de pronto hacía que el valor de las hipotecas fueran mayores al activo que las respalda (la vivienda) por lo que si un hipotecario entraba en default, la agencia o banco asumiría una pérdida al recuperar una casa cuyo valor era menor que la hipoteca. Al mismo tiempo, una cantidad excesiva de hipotecas sub-prime entraron en default (me extraña que esto haya sido una sorpresa considerando que muchas de estas hipotecas se otorgaban ¡sin que el comprador tuviera que presentar un comprobante de ingresos!), particularmente aquellas que se cotizaban con tasas variables ya que las tasas de interés aumentaron también (o sea, los compradores de vivienda se enfrentaban a hipotecas más caras para financiar viviendas depreciadas). A principios del 2007 comenzaron los primeros colapsos en el mercado sub-prime, llegando a su clímax en abril con la declaración de bancarrota de New Century Financial, el más grande prestamista de hipotecas sub-prime en los Estados Unidos. Alrededor de 25 compañías dedicadas al mercado sub-prime colapsaron en esos primeros meses del año.
¿Cómo se contagió el resto de la economía?
El resultado de esto fue una reacción de cadena que terminó con el casi colapso del sistema financiero mundial en cuestión de año y medio. Ya vimos como el mercado sub-prime colapsó. De pronto, todas las instituciones financieras que tenían activos respaldados por hipotecas (principalmente los MBS, su derivado ligado, los CDOs, y el derivado ligado al derivado ligado, los CDSs) se enfrentaron con la posibilidad de pérdidas masivas por el simple hecho que el “colateral” (o sea, el valor de la hipoteca) ya no podía respaldar el valor de esos activos que a su vez respaldaban las enormes deudas que incurrieron. Poco a poco, los bancos empezaron a reportar perdidas que ascendían a los miles de millones de dólares. El 9 de agosto del 2007, el banco francés BNP Paribas anunció que suspendería la operación de dos de sus hedge funds que estaban altamente expuestos a activos sub-prime. Los bancos, al darse cuenta de que enfrentaban serios problemas de liquidez (o sea, no tener activos para cubrir sus deudas) comienzan a dejar de prestarse entre ellos ya que no querían partir con la poca liquidez que les quedaba. A partir de este punto, la crisis del mercados sub-prime se transformó en el credit crunch.
¿Qué es el credit crunch?
El credit crunch se refiere a la fase de la crisis tras la cual los bancos se volvieron altamente renuentes a prestarse entre ellos y, por consecuencia, a terceros. En tiempos normales, los bancos recurren a préstamos para cubrir desequilibrios temporales de liquidez (por ejemplo, si sus activos no cubren una cierta reserva para garantizar sus deudas). La noticia de BNP Paribas hizo que los bancos centrales del mundo comenzaran a inyectar liquidez a sus sectores bancarios. Aún así, el aumento de las tasas de interés interbancarias (principalmente el LIBOR que es usado como referencia y que en septiembre del 2007 subió a su tasa más alta en casi una década) “amarró el cinturón” de los mercados crediticios. Mientras tanto, los bancos siguieron reportando pérdidas cada vez mayores arrastrando a la baja las bolsas de valores del mundo. En Marzo, el primer gran banco de inversiones cayó: Bear Stearns que tuvo que ser rescatado por JPMorgan Chase y el gobierno federal. Esta ola de desastres financieros repercutiría en las bolsas de valores que para ese mismo mes habían perdido el 20% de su valor con respecto al año anterior.
¿Colapsó el sistema financiero mundial?
No, pero estuvo a unas semanas de hacerlo. El punto crítico de la crisis llegó en septiembre del 2008. A principios de mes, Fannie Mae y Freddie Mac fueron parcialmente nacionalizados por el gobierno estadounidense. Esto generó un pánico sistemático en el sistema financiero debido a que gran parte del volumen de hipotecas estaban garantizados por estas dos instituciones. Mientras tanto, las noticias de la posible insolvencia de Lehman Brothers comenzaron a estremecer a los mercados. El primero en caer fue Merryl Lynch, comprado por Bank of America el 14 de septiembre y al día siguiente finalmente se declaró en bancarrota Lehman Brothers desatando una caída libre en el sistema financiero mundial que desde 1929 no se veía. Dos días después, el gobierno rescató a AIG, la aseguradora más grande del mundo. En Octubre tocó el turno a las bolas de valores: Entre el 7 y el 11 del mes, el Dow Jones se desplomó más de 20%, su peor picada desde el “Martes Negro” de 1929 que inició la Gran Depresión. Solo la intervención coordinada de los gobiernos mundiales logró salvar al sistema financiero del colapso total. Para este entonces, las pérdidas acumulados de los principales bancos del mundo habían ascendido a $500 mil millones, con varias estimaciones de que hasta $2 billones estaba en riesgo de desaparecer.
¿Cómo desapareció todo ese dinero?
El dinero de estos bancos desapareció de dos formas. La primera es con relación al volumen de “activos tóxicos” que poseían. Estos activos tóxicos se referían a todos los instrumentos financieros respaldados por hipotecas sub-prime que habían perdido valor, es decir los MBSs y los derivados que los cubrían (los CDOs y CDSs principalmente). Esto resultaría en préstamos que ya no podrían cobrar, flujos de ingreso que quedarían suspendidos, o activos que perderían su valor y que ya serían inútiles para cubrir las deudas de estos bancos. El proceso de eliminar estos activos tóxicos de sus registros se conoce como write-down y representa una pérdida porque ahora con menos activos “sanos”, el banco tiene que solventar sus deudas existentes (además, mantener estos activos tóxicos en los registros daba la idea de que el banco estaba más sano de lo que estaba en realidad -¡nadie quiere saber que una tercera parte de los activos de su banco no valen nada!). Por otro lado, los bancos perdieron valor bursátil ya que los inversionistas comenzaron a dudar de su solidez y el valor de sus acciones cayó. Estas caídas fueron estrepitosas: en Noviembre del 2008, Citigroup -previamente el banco más grande del mundo- perdió el 60% de su valor de mercado en una semana.
¿Por qué el pueblo ahora tiene que pagar la cuenta?
He aquí una de las grandes ironías e injusticias del mundo. Queda claro que ningún país puede sobrevivir sin un sistema financiero sano (¿qué empresa sobreviviría sin financiamiento?, ¿qué individuo podría comprar una casa sin una hipoteca?). Pero precisamente esto hace que el comportamiento de los bancos sea más irresponsable: pase lo que pase, saben que al final de cuentas alguien los tiene que rescatar (esto en economía se conoce como “riesgo moral”) y ese alguien es el gobierno que siempre cuenta con los impuestos del pueblo. Lo peor es que ahora las industrias contagiadas por la crisis -como la automotriz- están alegando que también son indispensables para la economía y que requieren rescate. La ironía es que durante décadas los neoliberales estuvieron predicando que en el juego del libre mercado, las empresas o industrias ineficientes merecían desaparecer. Esta receta la impusieron al resto del mundo, alegando que la “terapia de choque” (palabras de Jeffrey Sachs, su principal proponente en los años noventa; si, el mismo Sachs que ahora dice querer salvar África) era necesaria. Pero ahora que los países desarrollados requieren de su terapia de choque, ningún gobierno está dispuesto a aplicarla. Comparado a esto, el Fobaproa fue una limosna.
¿Quién tuvo la culpa de todo esto?
Es imposible asignar la culpa a un solo grupo. Los principales responsables son los bancos, por su imprudente manejo de instrumentos financieros altamente riesgosos, la mayoría de los cuales fueron creados explícitamente para evitar ser regulados: por ejemplo, la gran parte del mercado de derivados se comercializa directamente entre instituciones (over-the-counter), dejando ningún registro que pueda ser consultado por nadie fuera de sus propios contadores. Por otro lado están los gobiernos, que fomentaron esta cultura de desregulación financiera en el nombre del libre mercado (Alan Greenspan, anterior jefe de la Reserva Federal, fue sin duda su principal proponente a tal grado que dijo que “el auto-interés era el mejor regulador”). Los prestamistas de hipotecas tienen la culpa por prestar irresponsablemente a gente que no estaba en posición de financiar una casa propia y ni hablar de las agencias crediticias que ignoraron la realidad de que el riesgo no se transfiere, se distribuye, causando que todo el sistema colapse cuando su cadena más débil se rompe. Finalmente, el consumidor estadounidense en general no puede escaparse de responsabilidad: su insaciable sed de gastar en vez de ahorrar hizo que el país viviera más allá de sus medios y que el sistema financiero mundial se adecuara a dicha necesidad.
¿Porqué nadie pudo predecir el desastre?
En realidad, muchos si lo hicieron, tanto economistas como expertos financieros. Robert Shiller, un famoso economista financiero, habló de la burbuja inmobiliaria en 2005 confirmando los temores de muchos otros desde varios años antes. Otros economistas como Paul Krugman (Premio Nobel del año pasado y eterno enemigo de George W. Bush) vieron con escepticismo las ingenuas declaraciones de sus colegas como Robert Lucas (otro Premio Nobel) al declarar que el problema de prevención de crisis era cuestión del pasado. El mismo Ben Bernanke alguna vez dijo que los ciclos económicos ya habían sido “domados” (¡oh, la ironía!). Como ya se mencionó antes, incluso algunos inversionistas como Warren Buffet auguraron el potencial destructivo del mercado de derivados desde principios de la década. En fin, no es tanto que la crisis le cayó a los banqueros por sorpresa: ya lo sabían, simplemente ignoraron las advertencias como avestruces mientras se repartían bonos millonarios y se intoxicaban con su nueva riqueza.
¿Qué le espera a México?
Tenemos el dudoso honor de ser el país latinoamericano que más será afectado por esta crisis y de hecho ya fuimos el primero en admitir que estamos en recesión. La razón es obvia: nuestra relación particular con los Estados Unidos nos hace dependientes a sus ciclos de demanda (que según nuestros brillantes gobernantes panistas ya no era causa de preocupación) en vista de que más del 80% de nuestro comercio exterior es con el vecino del norte. Además, el credit crunch hace aún más difícil conseguir financiamiento internacional, estos dos efectos harán que las empresas tengan que contraer su producción resultando en despidos masivos, exacerbando aún más el problema de desempleo e informalidad. Esto sufrirá el choque adicional de los miles de paisanos que están regresando porque ya no encuentran trabajo en el norte (muchos de los cuales trabajaban en el paralizado sector de construcción) y los que se quedan allá reducirán su volumen de remesas. Por otro lado, la devaluación del peso (que no fue tanto una devaluación sino una apreciación del dólar debido a que los inversionistas mundiales entraron en pánico y movieron su capital hacia la moneda más segura, el dólar) reduce el poder adquisitivo respecto a los bienes importados y aumenta el costo de las deudas denominadas en dólares. Nada mal para algo que el ilustre Carstens alguna vez predijo que solo sería “un catarro”.
¿Se repetirá una crisis como la del 1994?
Que quede claro, esta crisis no será como la de 1994 por el hecho de que nuestro sistema financiero no está en riesgo de colapsar: sin embargo, la ya de por sí limitada capacidad del país para sostener la delicada red de protección social se verá comprometida en un entorno en que se necesitan las políticas sociales más que nunca. Por ejemplo, la repentina caída del precio del petróleo tendrá un efecto negativo en las finanzas públicas justo cuando se tendrá que invertir más para estimular la economía (¡hasta nuestros gobernantes neoliberales se volvieron keynesianos!). Ante las decrecientes reservas petroleras, la violencia incontrolable y desempleo estratosférico, no se sorprendan si la presión social se vuelve insostenible (esto, sin embargo, no sería algo malo si lleva a cambios políticos significativos). Tristemente no hay un solo punto a nuestro favor en este debacle (salvo por supuesto, el “amor por México” de Televisa) y si bien se dice que la economía volverá a crecer para el 2010-11, los efectos sociales de la crisis durarán muchos años más - tal vez hasta sean permanentes si no se aprovecha el momento para realizar los cambios estructurales que el país necesita (cosa que veo difícil que un gobierno de derecha se moleste en hacer).
¿Se convertirá esto en una nueva Gran Depresión?
La Gran Depresión fue un evento único en la historia del capitalismo moderno, que difícilmente se repetirá bajo las mismas circunstancias. De hecho, se puede decir que la Gran Depresión fue el origen de la macroeconomía moderna ya que las teorías económicas clásicas no podían explicar el fenómeno, ni mucho menos ofrecer respuestas para cómo superarlo. Fue precisamente John Maynard Keynes (de quien tanto se escucha ahora) que propuso una alternativa basada en una política fiscal activa por parte de los gobiernos y los bancos centrales. Tiempo después, Milton Friedman y sus seguidores propondrían otras herramientas basadas en la política monetaria. Lo bueno, pues, es que la macroeconomía ha evolucionado en los últimos 75 años a tal grado que los gobiernos tienen más herramientas para actuar, a diferencia de 1929. Lo malo, sin embargo, es si la crisis se extiende del sector financiero al sector industrial (como tal parece estar sucediendo) del cual millones de empleos dependen. Esto se podría exacerbar si se propagan las tendencias proteccionistas que algunos gobiernos (incluyendo el de Estados Unidos) están contemplando: no soy ningún fan de la globalización pero en una crisis de esta magnitud, cerrarle las puertas al comercio (particularmente el de los países en desarrollo que precisamente se están hundiendo por el colapso de sus exportaciones) sería un grave error que ningún sentimiento nacionalista justifica.
¿Cuáles son las implicaciones geo-políticas de la crisis?
La crisis acentuará la tendencia que se ha visto durante las últimas dos décadas: el gradual movimiento del poder político y económico del occidente al oriente (particularmente hacia China). Los países occidentales -en especial los Estados Unidos- no solo tendrán que lidiar con la caída colectiva de sus economías, sino con el desprestigio de haber originado una crisis que terminó arrastrando al mundo entero. Veo difícil que los países occidentales puedan recetando sus teorías económicas al resto del mundo con la misma facilidad o autoridad de antes, a su vez de que tendrán que acomodar el creciente poder de las economías emergentes en el nuevo orden económico que surja de la crisis. No por nada el G20 le ha arrebatado el liderazgo del G8 en la toma de decisiones colectivas sobre la criis, mientras que las instituciones tradicionalmente dominadas por el occidente -el Fondo Monetario, el Banco Mundial y la OMC- han tomado un asiento trasero e incluso la ONU ha brillado por su total ausencia, una prueba más de que no sirve para nada. Tristemente, el futuro de los países más empobrecidos no parece bueno. No solo son victimas de una crisis ajena, sino que cuentan con escasos recursos para mitigar sus efectos sociales y humanos. Esas metas de erradicar la pobreza para el 2015 ya parecen un chiste en vista de lo sucedido.
¿Ha muerto el capitalismo?
No, el capitalismo no ha muerto, contrario a lo que afirmen los izquierdistas radicales. Lo que sí ha muerto es el laissez-faire, es decir, el fundamentalismo del libre mercado que desde los años setenta se había convertido en la ortodoxia económica por excelencia. Hasta los más arduos neoliberales han sido forzados a apoyar medidas que tan solo unos años antes habían sido inconcebibles, tal como la inversión masiva del gobierno no solo para rescatar bancos sino para estimular la economía entera (una receta que cualquier keynesiano consideraría lógica, pero que un neoliberal consideraría sacrilegio) o incluso la nacionalización de instituciones financieras. La crisis ha marcado el fin de una era que en retrospectiva no cumplió con sus rimbombantes promesas. El mundo ahora entrará aun una nueva etapa de ordenamiento económico que involucrará gobiernos más fuertes (ni los politólogos y sus advertencias sobre la muerte del estado-nación lo hubieran predicho), mayor regulación de los mercados y nuevas instituciones internacionales capaz de evitar que otra crisis como esta suceda…
… eso es, hasta que los banqueros encuentren nuevas formas de doblar las reglas a su antojo y de buscar una nueva burbuja para hacerse ricos.