An Ode To Joe
De esto están hechas las leyendas
Es naturaleza humana tener héroes. Ver con admiración como cierta gente, más grande que la vida misma, logra hazañas aparentemente imposibles para los demás mortales. Ver como desafían la lógica con su coraje, determinación e inteligencia. Sean grandes conquistadores históricos, brillantes pensadores o artistas, o legendarios deportistas, nuestros héroes nos reafirman la creencia de que no hay obstáculo insuperable, ninguna meta demasiada lejos de conseguir gracias a la dedicación y esfuerzo. Entre las 79 preguntas en la sección de ¿Quién es Master Zen? hay una que brilla por su ausencia: ¿Quién es mi héroe? La respuesta es Joe Montana.
Extraño, ¿no creen? Digo, nunca he jugado fútbol americano, de hecho ni siquiera es mi deporte favorito. Uno pensaría que un intento de diplomático, amante de la historia, cínico político y militar frustrado tendría un ídolo un poco más parecido a sus aspiraciones individuales, pero no es así. Joe Montana desde que lo vi jugar por primera vez un enero de 1989 me cautivó por todas las razones que podrían cautivar a un pequeño e impresionable niño de nueve años. Fue el Super Bowl XXIII y jugaban los 49ers de San Francisco contra los Bengalíes de Cincinnati. Los Bengalíes tenían un equipo joven y vistoso. Los 49ers tenían un equipo equilibrado y experimentado, ya ganador de dos campeonatos durante la década. Pero tenían algo que sus oponentes no: el mejor quarterback de todos los tiempos. El número 16. Joe Montana.
Lo que pasó al final de ese partido fue digo de ser considerado el momento climático de la historia de la NFL. Faltando 3 minutos y con los Bengalíes arriba 16-13, los 49ers necesitaban no solo un touchdown, necesitaban un milagro. Se encontraban en su yarda 8 y debían atravesar casi la longitud completa del campo para anotar. Fue en ese momento donde hubo un acercamiento a la cara de Montana, escondida detrás del casco pero cuyas emociones estaban claramente visibles. Su mirada reflejaba serenidad, seguridad y confianza. Millones de personas en todo el mundo dudarían si ese hombre sería capaz de avanzar 92 yardas en 3 minutos para ganar el partido. Pero él no dudaba si podía realizar la hazaña, él lo sabía. Su equipo lo sabía. Y yo, sin haberlo visto jugar antes, también lo sabía.
El resto fue historia. Faltando 30 segundos, un pase perfecto a las manos de John Taylor dentro de la zona de anotación. El estadio explotó de jubilación, con un marcador de 20-16 los 49ers ganaron su tercer título en 7 años. Mi fanatismo por los 49ers comenzó ese día. Después vería como Montana llevaría a su equipo a otro campeonato el año siguiente donde destrozó a los Broncos de John Elway en la final más apabullante en la historia de la NFL (55-10) y donde Montana obtuvo un entonces-récord de 5 touchdowns (récord que sería roto 5 años después por otro legendario quarteback de los 49ers, Steve Young). Lesiones harían que su carrera terminara varios años después, pero fue lo suficiente para darme cuenta que había visto jugar a uno de los grandes de cualquier deporte de todos los tiempos.
Pero, ¿que hace a Montana tan admirable? ¿Qué tiene él que no tenga cualquier otro posible héroe o ídolo? La respuesta es: muy poco. Montana rara vez fue líder en estadísticas, de hecho en ninguna temporada superó las 4 mil yardas cosa que muchos quarterbacks hacen constantemente. Tampoco tenía un físico particularmente impresionante (era bajito para su posición) ni un brazo con fuerza de rifle. Lo que tenía que nadie más tuviera era una habilidad innata de no quebrarse ante la presión. De encontrarse ante las situaciones más insuperables y encontrar la respuesta en ese instante. Le decían “Cool Joe” por eso, nunca nervioso, nunca dejando llevarse por el momento o la afición, no solo resistir la presión, sino gozarla. Joe Montana fue legendario no porque haya sido grande en cada partido, sino porque fue grande en los partidos que requirieron de grandeza. Y en ese sentido su record en los Super Tazones es simplemente insuperable: un passer rating de 127.8, 12 touchdowns y cero intercepciones. Nunca perdió el gran partido las cuatro veces que lo jugó.
Nuestros héroes lo son porque de cierta forma quisiéramos ser como ellos y porque nos identificamos con sus virtudes. Mi héroe es un deportista, pero los valores que admiro de él son aquellos que son aplicables para cualquier persona en cualquier aspecto de la vida misma. Son valores tal como confianza en uno mismo, seguridad de que ninguna meta está fuera de alcance, ningún problema privado de solución ni siquiera ante la peor de las presiones. Es sacar lo mejor de uno en todo momento, pero sacar lo que nadie más tiene en los momentos en que más se necesita de la grandeza.
Joe Montana supo como hacerlo. Nunca es tarde para aprender.









May 22nd, 2006 at 9:54 pm
Tengo la impresion de que este articulo me suena a: “miren, callense ahora pongo un post de un heroe rudo, que si admiro para que vean que si soy machin”
May 23rd, 2006 at 7:52 pm
¡Ya bájale el cierre!
:lol:
May 24th, 2006 at 10:22 am
Calmate Boris que si hubiera escrito sobre Dan Marino estarías de acuerdo… :P
Y Pojo, ya callate y depositame lo que me debes.
May 24th, 2006 at 9:33 pm
Mamaaaaaa, Omar y Rodrigo se están peleandooooo….