La Batalla de Jutlandia (1916)

La madre de todas las batallas navales

Hace 90 años, en las afueras de Dinamarca, dos colosos navales se medirían en lo que sería la batalla naval más grande en la historia de la humanidad. Se llamaría la Batalla de Jutlandia, principal choque entre las dos principales potencias marítimas de la Primera Guerra Mundial: la Gran Bretaña y el Imperio Alemán. Tras dos días de combate, 8,500 muertos y casi 190,000 toneladas de acero en el fondo del mar, las dos flotas regresarían a sus ancorares como boxeadores tambaleantes. Una batalla inconclusa, considerada por muchos como una victoria táctica germana, pero una victoria estratégica de los británicos a la larga.

El Preludio

Desde la derrota de la Armada Española en 1588, la Marina Real Británica había dominado los mares durante varios siglos aunque no sin oposición. En 1805, bajo el mando del brillante Almirante Nelson, los ingleses destruyeron una flota combinada franco-española en la Batalla de Trafalgar y desde ese momento, la superioridad naval británica fue incuestionable. No obstante, la creación de una Alemania unificada en 1871 presentó un gran reto debido a la dedicación de los alemanes por alcanzar a sus rivales en la carrera armamentista que comenzó a fin de siglo, y de ser posible, superarlos.

Durante este tiempo la tecnología naval avanzaría de manera tremenda. En 1905 los británicos lanzarían el HMS Dreadnought, considerado uno de los diseños navales más revolucionarios de todos los tiempos. Fue el primer acorazado moderno basado en el concepto del big gun, es decir, un barco donde se instalarían los calibres más grandes posibles sin escatimar espacio ni tamaño. El Dreadnought por sí solo rindió a todos los barcos de guerra obsoletos y la nueva carrera armamentista se caracterizaría por ver quién construía más acorazados, y quien los construía más grandes.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, todos se preparaban para el inevitable choque entre las dos grandes armadas. Sin embargo, este choque no se dio. Los alemanes se mostraban cautelosos para enfrentar a su más poderoso rival especialmente tras la derrota en la Batalla de Dogger Bank en 1915 donde una flota de cruceros de batalla británicos hundieron varios buques alemanes. Los alemanes aprendieron de la lección y mejoraron la protección y el blindaje de sus barcos, los ingleses se confiaron y no hicieron nada al respecto.

El Plan

En 1916 la flota alemana contaba con 18 acorazados modernos contra 33 británicos. Ante tal inferioridad numérica, un choque directo sería un suicidio por lo que la idea sería esperar a la ocasión en que se podría diezmar poco a poco al enemigo sin arriesgar un enfrentamiento contra toda la flota británica. El 30 de mayo, la Flota de Alta Mar Imperial Alemana al mando del Almirante Scheer zarpó con un plan ambicioso: provocar una respuesta de los cruceros de batalla británicos los cuales serían hundidos por los acorazados alemanes y un cordón de submarinos para luego regresar a puerto.

No obstante, Scheer desconocía que el almirantazgo británico estaba leyendo sus códigos encriptados y conocían su plan. La Gran Flota del Almirante Jellicoe zarpó de sus anclajes en Escocia listos para enfrentar a los alemanes. La primera fase de la batalla se llevó a cabo entre los escuadrones de cruceros de batalla del Almirante Beatty y los grupos de exploración del Almirante Hipper (también compuestos por cruceros de batalla) mientras que la flota principal de Scheer se ubicaba poco atrás. Jellicoe estaba aún a varias horas de unirse con su contraparte.

La Batalla Comienza

A las 15:30 horas Beatty encontró a los cruceros de Hipper y abrió fuego; la batalla había comenzado. Con ambas flotas viajando en paralelo hacia el sur, los alemanes lograron registrar los primeros disparos, casi destruyendo el HMS Lion con Beatty a bordo. A las 16:00, cuatro disparos del Von der Tann hicieron explotar al HMS Indefatigable, matando a casi toda su tripulación y 25 minutos después, el HMS Queen Mary corrió con la misma suerte a manos del Derfflinger y el Seydlitz, también con similar pérdida de vidas. La carencia de blindaje efectivo para este tipo de barcos se hizo más que evidente en estos momentos.

Para este entonces, cruceros británicos descubrieron el cuerpo principal de la flota de Scheer. La flota de Beatty inmediatamente cambió de curso hacia el norte con la esperanza de que los alemanes lo siguieran y se toparan con los escuadrones de Jellicoe que navegaban hacia el sur. No obstante, un escuadrón británico de ‘super-acorazados’ (armados con cañones de 15 pulgadas) no tuvieron tiempo de retroceder a tiempo y se enfrentaron un rato con los primeros acorazados de Scheer que les causaron daños severos aunque no sin devolverles un poco del castigo.

Duelo de Titanes

La batalla entre los cruceros fue un mero preludio a la acción principal a punto de desatarse. Tras varios pequeños enfrentamientos favorables a los anglos, Hipper retrocedió para unirse con Scheer mientras que por fin, a las 18:00 horas, las flotas de Beatty y Jellicoe se unirían. En este momento Jellicoe tomó la decisión de dirigirse hacia el este, posiblemente alejándose de la flota alemana, pero con un poco de suerte podría mover sus barcos para “cruzar la T” enemiga, una maniobra en la que podría enfocar todos los cañones de sus acorazados contra la línea alemana mientras que ésta no estaría en posición de hacer lo mismo.

Por otro lado, Scheer desconocía completamente que en poco rato se toparía contra la flota principal de Jellicoe. Para fortuna del segundo, la flota alemana cayó en la trampa y por unos minutos estuvo a la merced de Jellicoe que sin embargo no pudo aprovechar la oportunidad. Mientras tanto, los barcos de Scheer hundieron un crucero protegido y otro crucero de batalla (HMS Invincible), ambos con la pérdida casi completa de sus tripulaciones incluyendo el renombrado Almirante Hood en el segundo. Sabiendo que se encontraba en una situación táctica desfavorable, Scheer lanzó una cortina de humo y ordenó la retirada pero la visibilidad aún era demasiada para que se pudiera escapar permanentemente. De nuevo, viró hacia el este donde la flota de Jellicoe lo esperaba.

Para las 19:15 horas Jellicoe había logrado maniobrar de nuevo a su flota hacia la “T” alemana y esta segunda oportunidad no la desaprovechó. Scheer lanzó un ataque de torpedos y una retaguardia suicida de sus cruceros de batalla para permitir el escape de su flota principal pero en esta acción los alemanes sufrieron tremendamente y el crucero de batalla Lützow fue puesto fuera de acción. Scheer logró eludir a Jellicoe durante la noche aunque hubo varias acciones nocturnas: el crucero protegido HMS Black Prince fue hundido por el acorazado Thüringen mientras que los destructores anglos lanzaron un ataque de torpedo contra los acorazados de Scheer, logrando hundir el viejo Pommern.

El Resultado

Tras unas horas de combate intenso, la más grande batalla naval entre acorazados había terminado. Los alemanes regresaron a sus puertos sabiendo que habían causado daños considerablemente superiores a sus enemigos, pero nunca más intentarían romper la cerca que los británicos les habían tendido desde los primeros días de la guerra. Es por eso que la Batalla de Jutlandia se considera una victoria estratégica aliada. Gracias a ese bloqueo, para el invierno de 1918 los alemanes se estarían muriendo de hambre en casa y al borde de una revolución que derrocaría al gobierno imperial.

La batalla también fue analizada por los altos mandos. El concepto de los cruceros de batalla (barcos con el armamento de un acorazado pero sacrificando blindaje para ser más rápidos) se mostró muy inadecuado para la realidad, prueba de esto fue que cuatro barcos de esta clase fueron hundidos, mientras que ningún acorazado moderno corrió con la misma suerte (algunos como el HMS Warspite o el Derfflinger recibieron más de una docena de tiros directos sin terminar en el fondo). Por otro lado, aún con inferioridad numérica y de calibre, los alemanes pudieron compensar gracias a mejor entrenamiento, comunicaciones y equipo óptico.

No obstante, la Batalla de Jutlandia quedaría como un coloso entre batallas navales, la única ocasión en que las dos flotas más poderosas del mundo se enfrentarían directamente. Doscientos-cincuenta buques de guerra lucharon entre si por ver quién dominaría los mares del conflicto más sangriento en la historia hasta entonces y en tan solo unas cuantas horas culminaron el esfuerzo de varias décadas de competencia naval. La Marina Real Británica, heredera de la grandeza de hombres como Nelson, Drake y Howe, sería dueña de los mares por unas cuantas décadas más.

Para mayor información, pueden consultar el mapa de la batalla, como también la lista de las unidades navales involucradas.

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