Rocky Balboa (2006)
It ain’t over ’til it’s over

Con todo el hype que se le ha dado al cumpleaños 65 del más grande boxeador de todos los tiempos, Muhammad Ali, nada podría ser más apropiado que revivir al más grande boxeador ficticio de todos los tiempos, Rocky “The Italian Stallion” Balboa. Uno pensaría que a su edad (60 años), Sylvester Stallone estaría haciendo todo menos películas sobre boxeadores. Peor aún que fueran unidimensionales y blandas, simplemente un escenario para lucir una franquicia que de-evolucionó desde una novedosa historia de un don-nadie de buen corazón que logra un sueño a un super-héroe que casi por si solo gana la Guerra Fría (y eso que me gustó mucho Rocky IV). Pero Rocky Balboa no es nada de eso. Es conmovedor, es emotivo, te llega. Es, sin duda alguna, el mejor Rocky desde la original y un digno final para este gran personaje.
Mucho ha cambiado desde aquel olvidable Rocky V. Nuestro héroe ya siente el peso de los años aunque vive modestamente gracias a su restaurante llamado Adrian’s, nombrado en homenaje a su fallecida esposa. Su barrio, en el mero ghetto de Filadelfia, ha perdido su alma y está lleno de vagos y gente sin valores. En una de tantas caminatas solitarias se encuentra con una joven que en la película original había acompañado a su casa. Empieza una amistad entre ella y su hijo, justo al tiempo en que la amistad con su propio hijo se deteriora por la presión que siente por cargar con semejante apellido. Peor aún, Rocky sigue sintiendo que le queda algo por comprobar y trata de recuperar su licencia de boxeo la cual es negada inicialmente. Mientras tanto, el actual campeón de los pesos pesados, Mason “The Line” Dixon, se indigna tras ver una pelea simulada por computadora entre él y Rocky en el cual Rocky lo noquea sin problemas. Sus agentes consiguen organizar una pelea de exhibición entre él y Rocky en el que ambos buscarán demostrar de lo que están hechos (“Will vs. Skill” es el lema de la pelea).
Por supuesto, como en toda película de Rocky, no puede faltar el clásico montaje de entrenamiento (con el tema original de fondo) en el que nuestro héroe busca suplantar su vejez por fuerza bruta. La pelea, en el que todos esperan una rápida victoria del más joven campeón se convierte en una brutal batalla hasta el último round. Y si bien el clímax emotivo es ver a Rocky caminar triunfante hasta los vestidores bajo un ensordecedor aplauso, es lo que pasa en el resto de la película que hace esta última secuela tan memorable. Es la pasión de Rocky no como boxeador, si no como ser humano buscando un nuevo amor, buscando la aceptación de su hijo, buscando recobrar su sueño de boxear de nuevo, que brilla por encima de todo, especialmente la tristeza de su entorno (su esposa muerta, el viejo gimnasio de Mickey ya está abandonado, etc.). Jamás pensé que diría esto pero la actuación de Stallone es simplemente fenomenal: su caracterización de este personaje, tan famoso pero tan ordinario y humilde, basta como razón para ver la película.
Creo que pocas veces se le ha puesto un punto final a una serie famosa de manera tan digna, tan meritoria, como Rocky Balboa. No solo tiene todo lo que uno espera en una película de Rocky sino que se convierte en un verdadero monumento al carácter de un héroe que brilla no por sus logros dentro del ring, sino por su caridad y buena voluntad fuera de él. Al final, uno termina queriendo que gente como él fueran la excepción y lo la regla. Gente como él en vez del fanfarrón campeón del mundo, más preocupado por sus aretes de diamantes y carros de lujo que por la integridad. O como los pedantes borrachos en un bar que lo insultan porque no les invita una ronda de cerveza asumiendo que nada en dinero. Es una película triste pero con esperanza y hecha con todo el amor que Stallone le tuvo a su personaje favorito.









January 27th, 2007 at 4:06 pm
Claro que stallone es rocky!!!, apoco no está buenísima la película??
Saludos