Debraye #24 - Ciudades y espacios

No sé cuando ni donde pero un día de la nada empecé a fijarme. Sospecho que algo tuvo que ver por el hecho de haber tenido a un arquitecto como compañero de cuarto durante la primera mitad de mi carrera universitaria, o tal vez por ese juego de computadora llamado Sim City el cual siempre me ha tenido entretenido (ampliamente recomendado para cualquiera con delirios urbanísticos). El caso es que ese día me empecé a fijar en como se hacían las cosas desde sus aspectos más minúsculos hasta los más notables. El tamaño de las banquetas, la calidad del asfalto, los pasos a desnivel en las autopistas, el diseño de las cuadras en un mapa, los materiales para los edificios, sus fachadas, su tamaño, el estilo peculiar en que cada país y cada cultura diseña sus inmuebles, etc. Llamo este proceso “conciencia urbanística” ya que no pasa día ni momento en que salgo a la calle en que no me estoy fijando en todos esos detalles y comparándolos con todo lo demás que he tenido la oportunidad de ver en otras partes del mundo. ¿Por qué los mexicanos hemos construido nuestro país así? ¿Acaso no lo podemos hacer mejor?
La respuesta a esas dos preguntas me ha llevado a la conclusión de que tenemos un severo déficit de conciencia urbanística producto de una cultura en que no se valora la estética urbana. Pero me precipito, empiezo por lo principal: cualquiera que ha tenido la oportunidad de viajar a otras partes del mundo, ya ni siquiera hablo del mundo desarrollado sino a la misma Latinoamérica, se podrá dar cuenta que andamos mal, muy mal en este aspecto. Y no, no me refiero a los centros históricos y demás puntos de referencia que son los que salen en las guías turísticas y en esos libros enormes de arquitectura o fotografía que siempre vemos en la sección de libros de Sanborn’s. El problema es que esos volúmenes solo capturan lo que el lector (y el fotógrafo) quiere ver y no como es la ciudad mexicana en su totalidad. Sí, podremos hacer un libro igual de grande para el DF que para París con puro monumento y sitio relevante, pero París es bella en cada cuadra y cada calle; lo mismo no puedo decir de mi ciudad.
No siempre fue así. La arquitectura mesoamérica y colonial era espléndida dentro de sus posibilidades. Muchos edificios del centro histórico del DF imponen más que los de Madrid. Entre ese collage de estilos que van desde el barroco hasta el neoclásico y neogótico se inmiscuye una influencia indígena que hace de nuestra arquitectura única en el mundo. Pero de pronto, algo cambió, más o menos por allí de los años cincuenta cuando el art deco empezó a pasar de moda y el modernismo comenzó su inexorable dominio: dejamos de preocuparnos por el detalle. Esas elaboradas fachadas de cantera cedieron lugar al frío y desalmado concreto, el concepto de vivienda acogedora fue suplantada por la soberbia de la geometría, enormes proyectos de vivienda surgieron con poca (por no decir nula) atención a la calidad de vida de sus habitantes. La arquitectura predominante se convirtió -y hasta la fecha perdura- en algo que yo bautizo como “Fachadismo Brutalista”. Sí, hay una que otra obra rescatable, pero la mayoría no.
Contrario al orden, primero explicaré el concepto de Brutalismo. Brutalismo es un derivado del modernismo caracterizado por estilos angulares basados en el concreto sin detalle ni ornamentación alguna. Su principal exponente fue el arquitecto suizo Le Corbusier y es frecuentemente asociado con viviendas multifamilares en países socialistas o socialdemócratas. Sin estética alguna, su única gracia era mediante la imposición visual de sus elementos como por ejemplo, mediante enormes protuberancias de concreto. Por otro lado, el término Fachadismo significa hacer algo evocativo de otro estilo de manera burda y superficial (principalmente mediante la carencia de valor histórico). Es el equivalente arquitectónico de lo que Tommy Halfmaker y Versánchez son para la ropa de moda: intentar ser algo que no son. México, en las últimas décadas, se ha deleitado con estos dos estilos y el mejor ejemplo son las copias baratas a Luis Barragán. Ya las han visto: enormes paredes con muchos huequitos cuadrados y colores radicales. Se propagan como una plaga.
Para empezar, tenemos un fetiche por el concreto y el yeso. Vaya, no estoy aclamando que construyamos nuestras viviendas de madera y hacer suburbios gringos porque no viene al caso. Pero nosotros usamos el ladrillo más barato existente (inclusive para casas en barrios bien), luego las enyesan para que no se vea el ladrillo, luego deciden darle una fachada con el mismo yeso creando lo que yo llamo el “estilo roñoso” y luego pintando la casa de un color estrafalario digno de dejar a uno ciego. Luego se nos ocurre ponerle un techo angulado para dar la finta de que es un techo de dos aguas cuando no lo es (he aquí el aspecto de fachadismo) porque un verdadero techo de dos aguas es angulado por todos sus lados y generalmente tiene varias pendientes y reveces. En algunas este aspecto borda en lo ridículo: apenas una leve pendiente de uno o dos metros al frente de la casa para que de adelante parezca que es techo de dos aguas pero el resto del techo es plano. Olvídense de fachadas de ladrillo, o piedra o madera. Puro yeso y pintura.
El asunto empeora cuando consideramos que nada de lo construimos satisface la necesidad estética más básica de un hogar: ser acogedor. Una casa debe tener calidez, personalidad, debe invitarte a que entres no hacerte llorar de lástima. Nada de eso lo encontramos en la arquitectura mexicana moderna. Las casas populares (ej. Infonavit) parecen casas de juguete, peor cuando se considera que las familias que las habitan generalmente son más numerosas que el promedio. Las casas de clase media y arriba simplemente son soberbias, su único atractivo está en el tamaño (y el precio) pero son igual de insípidas y frías. Lo más triste de todo esto es que estando tan expuestos a otras culturas gracias a los medios masivos (dime qué mexicano no ha visto una casa gringa o europea en la televisión), no nos caiga el veinte de que lo que hacemos está feo. Al contrario, seguimos haciendo las cosas como siempre, ignorantes a la posibilidad de que podríamos crear un país más bello con un poco más de esfuerzo y cariño.
Ahora sumemos a esto la falta de planeación urbanista y verán por qué nuestras ciudades son las junglas de concreto que son. Mientras que en Europa los centros históricos generalmente son los que tienen vialidades más caóticas, en nuestro país es al revés: frecuentemente estas son las únicas zonas en una ciudad que fueron planificadas. El resto parece una telaraña indescifrable de calles que corren a diferentes ángulos entre si, bulevares que se convierten en callejones, un desorden de intersecciones, etc. Y luego se preguntan por qué hay tanto tráfico. Peor aún es el hecho de que en vista de que no tenemos ningún concepto de urbanismo, no podemos adecuar el transporte hacia las necesidades geo-espaciales. Las enormes (en cuestión de tamaño, no población) ciudades norteamericanas, por ejemplo, están diseñadas para automovilistas mientras que las más pequeñas europeas están hechas para el transporte público. Las nuestras para ninguno. Simplemente están hechas para los pobres diablos que nos toca vivir en ellas.
El problema en todo esto es que nunca nos hemos sentado a pensar cómo debe ser una ciudad mexicana, definir nuestro propio estilo en el cual podamos combinar necesidades funcionales como también historia y cultura. No hemos pensado tampoco en definir un estilo arquitectónico que conjugue. Todos podemos descifrar cómo “es” una ciudad norteamericana, un suburbio inglés, un centro europeo, pero ¿qué podemos decir de lo nuestro? No podemos porque no existe definición como tal. Nuestras ciudades “son” y ya. Han descartado su historia, han descartado su cultura y han enajenado a sus habitantes. Ciudades feas hacen de ciudadanos inconformes. ¿Por qué no tirar la basura en la calle si de por sí la banqueta está rota porque plantaron un árbol que ni va, la calle está llena de baches y los albañiles dejaron una montaña de cemento desechado al lado? Algunos fraccionamientos nuevos (y de dinero) ni siquiera tienen banquetas porque todo se construye sin orden ni consideración por el espacio urbano.
Luego están los parques. Personalmente no creo que ningún espacio urbano que consiste más en cemento que en follaje se pueda considerar parque pero si así fuera, ya no habría parques en México. No solo es el hecho de que el porcentaje de áreas verdes es mínima en cualquier aglomeración urbana, las pocas que existen están horribles. Trazos enormes de eucaliptos que destruyen todo a su alrededor, un total desprecio por las especies nativas o cualquier otra especie que armonice tanto estéticamente como biológicamente con su nuevo entorno. En vez de acomodar la mancha urbana con los entornos naturales (como sucede en países desarrollados), los destruimos para reemplazarlos con concreto y asfalto. Díganme cuantos parques urbanos de más de dos o tres kilómetros cuadrados encuentran en cualquier otra ciudad que no sea el DF. Yo no se de ninguno. En cualquier ciudad norteamericana o europea encontrarán varios. ¿En serio quieren irse de picnic con su familiar a un parque urbano mexicano? Mejor al bosque: ese sí es natural.
Ya para terminar, dos irritaciones que necesito ventilar antes de que explote. La primera es la maldita y estúpida costumbre que tenemos de pintar de amarillo las orillas de las banquetas. ¿Para qué sirve? ¡Para nada! Estamos tan acostumbrados a esto que ni nos preguntamos por qué. En ningún país del mundo que haya visitado lo hacen. No ayuda a la iluminación. No se ven más bonitas. Es gastar dinero a lo idiota. Le pregunto a los funcionarios que ordenan que se pinten las banquetas: ¿Por qué no pintan las de Reforma? ¿Por qué no pintan las del centro histórico? Respuesta: porque se va a ver horrible. Ah, pues si se ve horrible allí, no se les ha prendido el foco de que se ve horrible en todas partes? Luego, pintar los árboles con cal. Francamente prefiero que suben el IVA uno por ciento para gastos en pesticidas que arruinar los pocos panoramas naturales que tenemos. Árboles pintados, banquetas pintadas. Qué horror. Tan bello país que heredamos, arruinado sólo donde el mexicano ha puesto sus manos.
En fin, no me queda más que exhortarles a mis queridos lectores que ojalá un día logren tener “conciencia urbana”. Tal vez después de leer este debraye lo consigan. Ya no tomen las cosas por hechas, piensen si no podrían ser de otra manera. Si han viajado, recuerden cómo son las ciudades que visitaron, no solo sus monumentos y sus museos (yo personalmente siento una mayor fascinación por todo lo que no sale en las postales). Si ya se les olvidó, háganlo para la próxima y verán el shock mental a su regreso aquí. Vean como hasta las casas más decrépitas de Harlem tienen más detalle e identidad que las casas recién construidas en Santa Fe. O como nuestros departamentos “de lujo” en Insurgentes o Polanco no le llegan a la talla a los de clase media en Vancouver o Montreal. Bajen Google Earth y pónganse a comparar cómo hacemos nuestras ciudades con respecto a los brasileños y argentinos. No se sorprendan si ciudades como Nairobi y Johannesburgo se vean mejor que las nuestras. Sip, así de grave está el asunto.
Tal vez con un poco de “conciencia urbana” seamos más exigentes con lo que queremos de nuestro país. ¿Están de acuerdo o están de acuerdo?









February 8th, 2007 at 10:38 am
Tengo un tío urbanista y gracias a el es que llevo muchos años sufriendo, quejándome e insultando a nuestro diseño de ciudades, si es que se le puede llamar así.
Nuestros distribuidores viales que son tan horribles que bien cabrían en un libro dantesco, los edificios que no armonizan ni siquiera con los de la misma cuadra, no hay nada planeado… en fin, ciudades asquerosas.
February 8th, 2007 at 1:55 pm
Recuerdo una vez en un foro de fans de urbanismo, expuse mucho de lo mismo que acabo de decir aquí. Hubo uno que otro que estuvo parcialmente de acuerdo y después fui recibido a insultos por un supuesto arquitecto de la UNAM que se indignó por mis comentarios sobre Luis Barragán. O sea como, un mexicano criticando a Barragán: es casi peor que traición. Para los que vivimos en el DF solo les doy un ejemplo: el Hotel Crown Plaza de Polanco. Es una abominación urbana que no conjuga con su entorno, de verlo dan ganas de sacarse los ojos con un picahielos. No sé cómo es que se permite la construcción de esas aberraciones.
En fin para que luego no digan que me la paso quejando y no propongo, aquí van 10 cositas que podemos hacer que embellecerían enormemente nuestro entorno urbano:
1 - Ya no pintar de amarillo las banquetas
2 - Con la lana ahorrada de la pintura, invertir en pesticidas y así tampoco pintar los árboles con cal
3 - Talar todos los árboles no-nativos de la región en que están (particularmente eucaliptos) y re-plantar especies nativas o biológicamente compatibles
4 - Ampliar banquetas lo más posible (si es necesario quitandole ancho a las enormes e inútiles divisoras de avenidas y bulevares) y exigir un mínimo decente de tamaño para banquetas nuevas (digamos, no menos de 3 metros sobre calles principales)
5 - Dejar de tomar el estilo Barragán como modelo para la arquitectura mexicana
6 - Fomentar el uso de fachadas como ladrillo, piedra y madera
7 - Fomentar el uso de techos de dos aguas
8 - Aumentar la densidad en zonas centrales de ciudades mediante construcción de edificios residenciales y que dicha densidad vaya disminuyendo paulatinamente hacia las afueras
9 - Aumentar significativamente el porcentaje de áreas verdes (y que sean realmente verdes) en las ciudades
10 - Buscar nuevos modelos para la vivienda popular que involucren mayor espacio y calidad de vida
Extra:
- Forzar a que todos los burócratas y arquitectos de la Infonavit vivan en las mismas casas que construyen (y a los Fox también).
February 8th, 2007 at 9:02 pm
Me parece que en Puebla, el parque ecológico al Oriente tiene algunos kms cuadrados de superficie, y coincido contigo que Barragán es un error en la arquitectura mexicana, pensar que es bueno, es como considerar que Hitler dejó buena herencia en Alemania.
¿No crees que hacer techos de dos aguas sea demasiado caro para un México tercer mundista?
February 8th, 2007 at 9:23 pm
El gran error es que la gente asume que los techos de dos aguas son exclusividad gringa. No es cierto. Las encuentras en Africa, en Asia, en Sudamerica, en Europa, en todas partes. Por eso puse un link a Google Earth. Bájalo y fijate el estilo de las casas y los barrios en otros país. En Brasil, por ejemplo, la gran mayoría de las casas son de dos aguas (fuera de las favelas por supuesto) y eso que supuestamente son más pobres que nosotros.
February 8th, 2007 at 9:45 pm
Pues yo no me canso de insistir: ahorrémonos todo eso, con esa lana inventemos una bomba nuclear no radioactiva, tiremos esa bomba en pleno centro geográfico del DF, empezemos a construir una ciudad nueva, bonita y a nuestro gusto. Todo lo demás es impracticable.
February 9th, 2007 at 12:50 am
el amarillo de las banquetas es para que no te estaciones
supuestamente
February 9th, 2007 at 1:12 am
Pues en Reforma no te puedes estacionar y no está pintada. Y en mi calle sí te puedes estacionar y sí está pintada.
No tiene sentido ni lógica. Son de esas cosas estúpidas que existen por el simple hecho de que existen, nadie las cuestiona, nadie se pone a pensar para qué sirve (por que nadie sabe verdaderamente) y lo seguimos haciendo, gastando dinero a lo guey y arruinando un panorama ya de por si deplorable.
Luego me pongo a ver los anuncions del gobierno donde sale una versión CGI de la ciudad y veo que incluso allí tienen las banquetas pintadas, o sea, maldita costumbre ya viene impregnada en nuestras mentes… puta madre ya ni en un DF virtual nos podemos escapar de esto!
February 9th, 2007 at 9:28 am
Aquí en Puebla antes se usaba eso, pintar las banquetas de blanco y amarillo, blanco para indicar que puedes estacionarte, amarillo para indicar que no te puedes estacionar, sin embargo hoy en día todo mundo se estaciona donde le da la gana, el sentido indicativo se ha perdido y hasta se estacionan en las paradas de autobús, y los autobuses hacen parada donde quieran. Sin embargo hubo una administración municipal que no pintaba las banquetas ni los árboles, simplemente pintaba las rayas sobre la carpeta asfáltica y no las banquetas, la imagen urbana era distinta, muy distinta.
February 9th, 2007 at 2:28 pm
man primero que la gente tenga para casas que no sean de infonavit y despues ya hablamos de las banquetas amarillas….
February 9th, 2007 at 2:58 pm
Pues como bien mencioné arribita, si hacemos que todos los burócratas y arquitectos del Infonavit (y la los Fox y Bribiesca de paso también) vivieran en casas del Infonavit, las cosas serían distintas.
February 9th, 2007 at 5:58 pm
de acuerdo, no por carencia de recursos lo poco que podemos hacer lo vamos a hacer mal, una cosa es ser pobres y otra ser malhechos
February 10th, 2007 at 12:39 pm
Dur atomischen bomben!
February 15th, 2007 at 2:07 pm
Master Zen:
Que opinas de la arquitectura de Juan O’Gorman? Ojalá y puedas ver fotos de su casa-estudio en el Pedregal… (lástima que cuando la vendió, el nuevo dueño decidió destruirla…) pero hay muy buenas fotos de esa obra. Después de construir la casa-estudio de Diego Rivera y algunas otras obras, el Arq. O’Gorman también se decepcionó de su carrera y se dedicó a pintar…
Saludos,
Leo S.
February 16th, 2007 at 11:14 am
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