A Gamer’s Life II

A principios de los noventa, era el único juego que importaba

Ayer hablé de los comienzos de mi vida como jugador de videojuegos, unos inicios que comenzaron por allí de 1987 y que dieron vida al Atari y al Nintendo en toda su gloria. Para la primera mitad de los años noventa, todo había cambiado. El muro se había derrumbado, la globalización tomaba forma y habíamos entrado al maravilloso mundo de los 16-bits. En las arcadias, el mejor juego de pelea de todos los tiempos comenzaba a dejar su huella, una huella que marcó la historia de los videojuegos en esa media década.

Parte II: ¡Hazle el “Yugen”! ¡Trábalo! ¡Trábalo!

Al igual que cuando compré el Nintendo, recuerdo con una nitidez innatural otro día que cambió mi vida videojugadora. Estaba yo en una reconocida tienda en el centro de San José cuando me pasé a la sección de revistas. Allí me topé con un Electronic Gaming Monthly (conocido ahora como EGM) y en vista que estaba completamente desconectado del mundo de los juegos lo compré por pura curiosidad. En la portada se dibujaba a un karateka con bandana roja y las mangas de su uniforme arrancadas. Era Ryu, y el juego era la sensación del momento (y de que jamás había escuchado), Street Fighter II. Tomé con escepticismo los exagerados elogios hacia este juego, había que verlo para creerlo. Poco después fui a uno de las pocas arcadias grandes de la ciudad (se llamaba Boltron y parecía antro para niños) donde finalmente vi este juego en toda su gloria. Decir que se me cayó la baba es poco.

Fue allí donde comenzó mi primera gran adicción por un juego en particular. Nada que había jugado antes se comparaba ni remotamente a Street Fighter II. Todo de este juego era revolucionario en su tiempo: los enormes peleadores se movían con elegancia sin precedentes, las combinaciones requerían un dominio peculiar y los gritos de “Hadouken” y “Sonic Boom” se impregnaron en el léxico popular. Me quedaba claro que tenía que amaestrar este grandioso juego a toda costa y comenzó una peregrinación continua los fines de semana (yo vivía al otro lado de la ciudad) junto con otro gran amigo que poco a poco nos volvíamos maestros en el arte de las peleas. Tal vez fue la obsesión que hasta me metí a karate tiempo después en mis esperanzas de emular a Ryu. Por desgracia nunca me salió un Hadouken (y eso que estuve a poco más de un año de llegar a cinta negra) aunque sigo sin perder la esperanza.

Pero el caso es que Street Fighter II simplemente era divertido, en toda la expresión de la palabra. Era el rey absoluto de las arcadias: donde había más niños ya sabías que allí se encontraba y era un juego en que gustosamente hacías fila por 15-20 minutos para jugar. Si bien era frustrante para un novato, dominarlo era una recompensa que valía mucho más que todas las fichitas que gastaste especialmente si lo lograbas con varios peleadores diferentes. Era un juego en que cada persona tenía su estilo, tenía sus mañas, y cada pelea era un reto único e irrepetible. Hoy día cuando pasa por una sala de maquinitas pongo atentos mis oídos para ver si llego a escuchar los sonidos inconfundibles de este juego. Por desgracia, ya han sido casi completamente silenciados bajo el estruendo de mil y un clones insípidos que trataron de copiar la fórmula pero nunca lo lograron. Nunca habrá otro igual.

Pero regresando al tema, pronto llegamos a la realización de que era de suma importancia conseguir un Super Nintendo y así jugar Street Fighter II sin gastar nuestros domingos en fichas. Aprovechando una ida a “los Yunai” del papá de mi amigo, quedamos felices y contentos con nuestra consola nueva. Los primeros días hasta me levantaba a las 6 de la mañana para jugar una hora antes de ir a la escuela. Era la gloria pero no todo era Street Fighter II. Juegos como Contra III y Zelda: A Link to the Past completaron mi trilogía inicial de juegos y eran un verdadero salto cuántico sobre las capacidades del Nintendo original: gráficos más detallados, más colores, efectos especiales novedosos, música orquestal, etc.. Y los juegos que no tenía los podía rentar. Algunos como Super Mario World, Super Castlevania IV, y Super Ghouls ‘N Ghosts fueron casi igual de memorables que los que llegué a tener.

Mi pasíon por el Super Nintendo duró aproximadamente hasta 1993. Durante estos dos años leía religiosamente Electronic Gaming Monthly para enterarme de todas las novedades y tenía la gran fortuna de vivir a tan solo 2 cuadras de mi escuela por lo que tenía un ritual con mis amigos de venir después de clases a echarnos partidas de Street Fighter II. En mis visitas a México tenía también la suerte de contar con una maquinita de ese juego a menos de cien metros y sin exagerar, era el rey del barrio (y el dueño del local con su “ay güerito, estás cabrón” lo confirmaba). Los últimos juegos que recuerdo con alegría fueron Starfox (uno de los primer juego de polígonos tridimensional para el SNES), Super Star Wars y Axelay. Pero poco a poco volví a perder el interés de nuevo porque otro pequeño artefacto tecnológico comenzó a cautivarme en ese entonces. Era la PC y pronto encontraría un juguetito nuevo.

La era de las consolas tuvo así, su glorioso fin.

To be continued mañana…

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3 Responses to “A Gamer’s Life II”

  1. J Carlos Romero Says:

    Un poco de historia,

    El padre de todas las consolas fue el ATARI-PONG o NESA-PONG(version japonesa), el juego era un simulador de Tennis, manejabas una barra como de 2cm si era el nivel facil y como 0.5 cm si era el nivel dificil, el control era un perilla soportada en una base cuadrada, el movimiento era mu simple arriba y abajo.
    Si alguno de tus asiduos lectores vivió esas epocas de tecnología lo recordara con gusto.

  2. Master Zen Says:

    Yo ni siquiera había nacido cuando salió Pong jajaja.

    Pero de que es un clásico… es un clásico.

  3. supercarlitos Says:

    caray mi master zen …eres de mi epoca….ya pasaron muchos años de aquellos ayeres…me acuerdo que despues de la secundaria me iba a jugar y mi ritual era jugar Street Fighter II siempre con mi fiel BLANKA o DHALSIM con mi chesco y mis infaltables polvorones de Tia rosa (de los blancos glaseados) salia de la escuala a las 2 pm y llegaba a mi casa despues de todo eso a las 6..era un vicio que hoy en dia ya nadie hace…tambien recuerdo cuando salio…aqui en mexico solo habia en los grandes centros comerciales como plaza aragon y eran unas colas enormes para jugar 2 minutos porque luego luego te ganaban…pero era lo maximo todos se decian los trucos, los movimientos, lo que habia descubirto uno lo compartia con todos era algo asi como una hermandad unida por un juego…no importaba si lo conocias o no…si tenia billete o no…iban ninos desde 7 años hasta grandulones de 20-23 años…¡¡¡ carajo que epoca !!!….ni modo se fue pero quedo asi como a ti muy incrustrada en mis recuerdos…con decirte que todavia tengo mis viejas revistas de club nintendo ahora que tengo a mi hijo le enseño gracias al emulador los juegos de megaman X de la snes y le gusta mucho..estos juegos son para siempre….y por ultimo te doy las gracias por haberme recordado esos gloriosos tiempos…se te agradece mi buen MASTER ZEN….nos vemos bye…..

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