A Gamer’s Life III
No te metas con Elizabeth I… especialmente si tiene armas nucleares
En la edición anterior se habló sobre la era del Super Nintendo que fue dominada por un juego: Street Fighter II. Irónicamente, fue el extraordinario éxito de este juego que a mi juicio arruinó las consolas. A partir de 1993 parecía que todos los esfuerzos de la industria se dedicaban a producir puros clones de ese juego, resultando en una sobre-saturación de juegos de pelea insípidos y poco originales. Llegó un momento en que deseaba algo nuevo, algo más inteligente, algo que me hiciera pensar.
Parte III: Conquistar el mundo antes de la cena.
Mientras la fiebre por el Super Nintendo se apaciguaba me empecé a juntar con otro amigo que me introdujo al maravilloso mundo de la computación, asegurándome que había más y mejores juegos y -lo mejor de todo- eran gratis (la piratería no es un fenómeno nuevo mis chavos). Ahora bien, estábamos por allí del año de 1993 en este entonces y mis habilidades computacionales eran similar a a mis habilidades de golf: nulas. Esto, irónicamente, considerando que mi madre ya había comprado dos computadoras a esas alturas de mi vida. La primera, una por allí de los 80’s que ni sabía qué era (y que casi nunca usé) y algo me dice que solo la compró por novedad. La otra había sido una PC XT 286 comprada alrededor de 1990. Por supuesto, tampoco la usaba ya que en aquel entonces el DOS no era particularmente intuitivo para el neófito. De hecho yo ni sabía qué era el DOS. Cuando me preguntaron si ya tenía uno instalado, lo primero que me vino a la mente fue “¿y eso donde se mete?”
Poco a poco (o más bien comando a comando) fui aprendiendo a manejar aquel artefacto exótico y con ello los primeros juegos. Algunos de ellos fueron unos que había comprado mi madre años antes y que nunca había tocado hasta ese momento como Where in the World is Carmen Sandiego? y un juego RPG-espacial ultra-complicado llamado Sentinel Worlds. Otros fueron aquellos que me pasó este otro amigo y del cual recuerdo particularmente bien uno de carros llamado Stunts que te dejaba hacer tus propias pistas, el legendario Leisure Suit Larry, un juego de aventuras “para adultos” (bueno, no tanto, simplemente se trataba de un guey medio loser que tenía que ligarse a unas chicas), y Prince of Persia que me dejó impresionado por su animación casi real. Por desgracia, mi compu ya estaba notoriamente obsoleta y gracias a eso quedaba excluido de muchos otros juegos que mi amigo tenía y que aprovechaban gráficos y sonidos que mi compu no aguantaba.
Para que se den cuenta de lo avanzado de la tecnología de ese entonces, la compu de mi amigo era apenas una 386 con tarjeta de sonido y ya parecía la octava maravilla del mundo. Más o menos en ese mismo año de 1993 mi otro amigo (el de Street Fighter II) también se compró una 386 SX y algo aún más novedoso: un paquete multimedia (la palabra de moda en esos tiempos) que incluso venía con CD-ROM. Afortunadamente después de varios meses de cabildeo logré que mi madre nos actualizara tecnológicamente y el resultado fue una Epson 486 DX. Corría absolutamente todo y al poco rato le agregué una tarjeta de sonido (el clásico SoundBlaster 16) para disfrutar mejor juegos de aventuras como The Secret of Monkey Island, Indiana Jones and the Fate of Atlantis y (el mejor) Day of the Tentacle, simuladores de vuelo como F-15 III, Aces over Europe, X-Wing y TIE Fighter, juegos de estrategia como SimCity 2000 y RPGs como Wizardry VII y Eye of the Beholder.
Llegué al a conclusión que los juegos de computadora eran mejores porque eran más reales, complejos e inteligentes que los de consola. Fue durante esta época cuando comenzó mi fascinación por la historia y particularmente la guerra. Tenía delirios de conquistar el mundo y para alguien como yo, había un juego que aplacaba esa necesidad: Civilization. Fue el primer juego que jugué donde tenías la oportunidad de conquistar el mundo empezando como una patética tribu al comienzo de la historia humana y terminando como un enorme imperio moderno. Había guerra, había diplomacia, había expansión, tenías que saber organizar tus ciudades, tus ejércitos, la tesorería. Tenía todo lo que uno podía esperar en ese entonces. Ahora, si he usado mucho la palabra “adicción” hasta ahora en estas anécdotas ha sido con puro afán dramático pero con Civilization sí era cierto. Podía pasar las horas enteras manejando mis imperios mientras el sol daba lugar a la luna en la vida real.
Sin duda alguna, Civilization representaba todas las razones por las que la compu era superior a las consolas: te hacía pensar. Estos no eran juegos, eran simuladores, hechos para adultos (o al menos personas pensantes) no para niños. Incluso el diseño de las cajas lo reflejaba: cajas enormes con diseños austeros y manuales enciclopédicos. Pero hay que ser sinceros, de vez en cuando a nadie le disgusta un poco de acción violenta, sangrienta y sin sentido, especialmente si matas a nazis y te peleas con Hitler mismo. Ese juego era Wolfenstein 3D, un juego revolucionario porque fue de los primeros diseñados enteramente en tres dimensiones (bueno, en realidad solo eran dos pero te engañaba muy bien). No solo controlabas a un personaje, lo eras. Era difícil en ese entonces augurar que el futuro de los videojuegos (tanto de compu como consola) sería dominado por este tipo de gráficos y esta fue nuestra primera probadita. Pero algo más grande vendría: Doom.
Si bien considero a Civilization lo mejor que salió en esos años, Doom es tal vez el juego más impresionante que jamás haya tenido en mis manos por la gama de tecnologías que por sí solito introdujo. El realismo tridimensional dio un salto cuántico sobre Wolfenstein 3D, tenías que verlo para creerlo. No estuvo tampoco sin sus controversias: en vista de que una buena parte del juego se desenvolvía en el infierno, sus imágenes satánicas causaron revuelo entre los puritanos (mis archi-religiosos vecinos de plano no lo jugaban por considerarlo diabólico). Pero era increíblemente divertido en todos sus sentidos, fue el primer juego que jugarlo de noche te hacía brincar de tu asiento cuando al voltear en una esquina te topabas con el ensordecedor rugido de algún horripilante demonio. Más que eso, Doom aprovechaba el auge de otra tecnología en su infancia: las redes. Por allí de 1994-95 ya no era necesario estar al lado de alguien para jugar contra él.
El ciberespacio empezaba a tomar forma.
To be continued mañana…








