A Gamer’s Life IV
“This is definitely not where I parked my car…”
¿Dónde nos habíamos quedado? Ah si, comenzaba la era de las redes, el cyberespacio y esa cosa llamada Internet. Pero, era 1995 y tenías que haber sido muy nerd para en ese entonces tener Internet en tu casa. No obstante y considerando lo poco user-friendly que fue al principio (Netscape cambió todo eso) se fue popularizando a una velocidad impresionante al igual que otras tecnologías como las gráficas 3D que representaron un cambio tan drástico en los videojuegos como ningún otro antes.
Parte IV: El mundo se hace pequeño
Aunque ya mencioné lo bueno que había sido Doom, todavía faltan mencionar dos aspectos en que ese juego cambió nuestra manera de jugar. Doom fue uno de los primeros juegos en que permitió que sus fans pudieran crear niveles nuevos y otras modificaciones pero nada de eso hubiera sido posible si no existiera una forma para que esas personas se coordinaran y distribuyeran sus creaciones. Estas comunidades se crearon gracias a un aparatito llamado modem y no tardó mucho en que consiguiera uno. Los lugares que podías encontrar (llamados BBS) eran simples y crudos: construidos con puro ASCII pero podías bajar imágenes, niveles de juegos y otras adiciones. En estos momentos ya se empezaban a popularizar otros BBS más grandes como América Online y Compuserve, pero yo seguía en el tercer mundo donde esta tecnología aún no llegaba. Se hablaba también del BBS más grande de todos, el Internet, pero tardaría tiempo antes de poder navegarla.
Entre todas las porquerías que había para bajar en aquellos BBS, lo más codiciado eran los niveles de Doom (aparte de fotos de Pamela Anderson). Había escenarios hechos específicamente para los combates uno-a-uno llamados Deathmatch y gracias al modem era posible que dos personas se conectaran a jugar desde sus propias casas. No tardó mucho, pues, en que mi viejo amigo de Street Fighter II y yo comenzáramos un ritual casi diario de combate sangriento en este juego. Ametralladoras, escopetas, lanza-cohetes, hasta sierras mecánicas eran las armas que usábamos para matarnos docenas de veces hasta que fuera hora de hacer la tarea. Definitivamente si Doom fue un gran juego, jugándolo contra otra persona era aún mejor aunque curiosamente nunca más fui particularmente adepto a jugar en-línea. Lo intenté varias veces tiempo después pero no se me hacía lo mismo luchar contra gente anónima desconocida (y a veces odiosa) aunque habría una notable excepción que más adelante mencionaré en detalle.
Para 1996 ya estaba en el primer mundo otra vez y con una computadora nueva, esta vez una Micron Pentium. Ya también los juegos se habían mudado hacia Windows y las primeras tarjetas de video de 3D empezaban a salir. Mis gustos se ampliaron a favor de los juegos militares, tal vez inspirado por el hecho de que en ese entonces estaba en una escuela militar: Panzer General fue uno de mis favoritos en ese momento, un juego de guerra puro pero sencillo que me abrió las puertas a otros más complicados como Great Naval Battles, Steel Panthers y The Operational Art of War (este último era tan real y complicado que literalmente los únicos gráficos eran símbolos de la OTAN sobre enormes mapas de hexágonos). Uno de los simuladores de vuelos más impresionantes en ese año era EF-2000 que fue para su género lo mismo que Doom para los shooters y tan real que hasta la Real Fuerza Aérea la usaba para entrenamiento (al menos eso presumía). Y en los deportes, no había nada mejor que los juegos de EA Sports especialmente FIFA 96.
Pero sin duda el juego que más me cautivó en estos años fue la secuela tan ansiosamente esperada de mi juego favorito, Civilization II. Yo tenía grandes expectativas y las excedió en todos sus sentidos: los gráficos eran mejores (si bien nada de otro mundo), había más tecnologías, más civilizaciones, más unidades. Mejor aún (y siguiendo el paso de Doom), el juego te permitía alterar casi todo y así podías crear nuevos mapas y hasta escenarios completos. No había periodo en la historia que no pudieras recrear con este juego y por primera vez en mi vida, me aventuré a diseñar cosas yo mismo usando mis recién aprendidas habilidades de edición gráfica. Gracias al Internet, ya había docenas de páginas donde también podías encontrar cosas hechas por todos los fans alrededor del mundo Podría afirmar que nunca he jugado un juego más tiempo que Civilization II (una sola partida podría durar meses) y que ya en el recuento final es el mejor que jamás tuve.
Mientras tanto, regresaba a mis tierras para empezar la carrera universitaria. En vista de que no me podía traer mi compu, tuve que conformarme con la venerable Epson 486 que me sacó de apuros en los primeros semestres. Fue de cierta manera un retroceso nostálgico en el que agarré nueva apreciación por algunos clásicos: X-Wing se volvió uno de los favoritos de mi dormitorio (casi a diario venía alguien a jugarlo) mientras que mi compañero de cuarto, un arquitecto, pronto se enganchó con SimCity 2000. El FIFA original tampoco podía faltar ni tampoco Hardball III donde desde años atrás había comenzado una temporada completa de 162 partidos y un día mientras me vestía para salir al antro finalmente terminé. En mis visitas al primer mundo mi interés por los clásicos también se reflejó en la compra de muchos juegos viejos del DOS que nunca jugué en sus tiempos. El más destacado fue Ultima VII (y sus múltiples expansiones como Serpent Isle), mi RPG favorito de todos.
Pero, ¿serían suficientes los clásicos en la víspera de la revolución 3D?
To be continued mañana…








