A Gamer’s Life V

Mis amigos me dicen “Maverick” de cariño

Érase una vez una compañía llamada 3dfx que para cualquier aficionado de la computación debe de traer recuerdos ancestrales. 3dfx dominaba la entonces nueva tecnología de gráficos de 3D que representaban el mayor salto cualitativo en la historia de los videojuegos. Por primera vez, los gráficos ya no solo eran una simple representación de la realidad, eran la realidad. Por primera vez la tecnología disponible para los simuladores militares y las producciones de Hollywood estaban al alcance de todos.

Parte V: De democracias, tiranías y todo lo demás

Pocos recuerdan que a principios de los años noventa salió el primer juego verdaderamente 3D (porque ni Wolfenstein 3D ni Doom eran realmente 3D, simplemente te daban al ilusión de serlo). Se llamaba Ultima Underworld, parte de esa fabulosa serie clásica de RPGs, donde tomabas la perspectiva del héroe atrapado en un enorme abismo. Fue un éxito entre los fans del género pero se necesitaba un muy buen equipo para correrlo y no fue hasta Doom que los juegos 3D se popularizaron entre las masas. Las tarjetas de video 3D (como las de 3dfx) actuaban como un segundo procesador encargado solamente de procesar los gráficos que aun seguían siendo compuestos por polígonos solo que estas simples figuras ya estaban decoradas con texturas reales. Suena sencillo y lógico pero considerando la cantidad absurda de polígonos necesarios para la más simple escena de cualquier juego quedaba claro que se necesitaba un poquito de ayuda extra para las Pentiums de entonces.

Y por supuesto, yo necesitaba una compu nueva que llegó al final de 1999 en forma de una Dell Pentium III. Fue en esos años de 1998-99 que los simuladores de vuelo tuvieron su época dorada aprovechando la tecnología 3D. Todo empezó con la proliferación de juegos de Jane’s, la famosa casa editorial de publicaciones militares, de las cuales destacaba F-15 (el primer gran simulador hecho explícitamente para 3dfx), WWII Fighters y F/A-18. Otras compañías decidieron sacar secuelas de viejos clásicos como el fantástico European Air War y Flanker 2.0 pero sin duda el más impresionante de todos fue Falcon 4.0, posiblemente el mejor simulador de vuelo de todos los tiempos. Era tan real que fue diseñado con la ayuda de verdaderos pilotos de F-16, traía un manual de 500 páginas y requería memorizarte casi el teclado entero. La campaña era una guerra en Corea llevada a cabo en tiempo real. Tal fue su éxito que hoy día sigue siendo jugado por miles de personas.

Algunos otros juegos que ocuparon extensamente mi tiempo libre durante estos años fueron FIFA 98 (particularmente gracias al efecto del mundial), X-Wing Alliance y SimCity 3000. Otro que pronto se volvió el hit de mi dormitorio fue Need For Speed: High Stakes donde no podían faltar las carreritas antes de ir a clases o al antro (o mejor aún con unas cubas encima). En el ámbito de los shooters estaban de moda Quake II y Half-Life, este último considerado por muchos como el mejor juego jamás hecho (veredicto del que estoy totalmente en desacuerdo, era muy bueno pero no para tanto). Irónicamente, el que aún llegaba yo a jugar por más largos ratos seguía siendo el venerable Civilization II. De hecho, un fin de semana de puente en que todos mis amigos se fueron a sus casas o de viaje y me quedé solito, sin tarea, sin nada que hacer ni nadie con quien salir rompí un record personal: jugué Civilization II por 17 horas seguidas excepto para ir al baño y cocinar. Cuando terminé, escuchaba los pajaritos cantando en la mañana.

Mientras mi carrera llegaba a sus últimos semestres, cada vez se reducía el tiempo libre que tenía frente a la computadora (contrario a lo que seguramente piensan después de leer todo esto, yo tenía una vida social bastante activa comprobando sin lugar a dudas que se puede ser desmadre, nerd y grillero al mismo tiempo). En el 2001 salió un juego que llevaba esperando por años: Civilization III. Mi primera impresión fue bastante negativa y salvo por unas dos semanas de euforia inicial (que casi hicieron que reprobara mi clase de Política Monetaria) pronto lo dejé. Pasaron los meses y mi tiempo libre se lo dedicaba a otras cosas. A principios del 2003 fui operado de un quiste que si bien no fue nada serio, requirió de 2 meses de inactividad. Al no poder hacer nada fuera de mi casa, decidí probar una expansión para Civilization III llamada Play The World. De pronto, todas las críticas que llegué a tener sobre ese juego se esfumaron y regresó mi cariño por la serie.

Hasta el 2003 había pensado que los foros de internet eran para losers anti-sociales. Pero en vista de que estuve dos meses en casa a principios de ese año, inocentemente me registré en uno de Civilization para hacer unas preguntitas técnicas sobre el juego. Oh gran error. Si hay algo peor que un guey adicto a un juego (o a cualquier otra cosa), es estar rodeado de cientos de otros gueyes igualmente adictos. Gracias a ese foro (llamado Apolyton) no solo me volví un crack de Civilization III, sino que le entré a unas competencias llamadas Democracy Games. ¿Qué es esto? Básicamente es una partida entre varios equipos en que cada equipo se organiza como un país de verdad. Hay un líder que es el que juega la partida, ministros que optimizan el imperio, generales que manejan las guerras, diplomáticos que interactúan con los otros equipos vía IRC o MSN. Era un experimento social sin precedentes y creo que para ningún otro juego ha existido algo remotamente similar.

Se puede decir, pues, que del 2003 hasta el 2005, mis únicas actividades relacionadas a los videojuegos fueron los Democracy Games. Eran largos: duraban hasta más de dos años (y si estabas en una posición de liderazgo era doble esfuerzo) pero sin duda le agregó un nivel de realismo que contra la computadora o contra una sola persona no existía. Como en toda sociedad, en estas “democracias” había conflictos de intereses, había gente que se odiaba entre sí, había diferentes ideologías, había gente que quería hacer esto y otra gente que quería hacer lo otro y de alguna forma tenías que lograr compromisos. Sonará tal vez un poco cliché pero creo que esos Democracy Games forjaron en alguna medida la persona que soy hoy y me dieron varias valiosas lecciones de liderazgo y diplomacia que de otra forma no hubiera conseguido. Mi logro: ser el co-vencedor (junto con un sitio alemán) en el primer Democracy Game multi-equipos en Apolyton.

Podría escribir una novela sobre esa experiencia.

To be finished tomorrow…

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