William Easterly - The White Man’s Burden (2006)
Hace que Stiglitz parezca un apologista del Fondo Monetario
“The right plan is to have no plan,”
Hace unos años, Joseph Stiglitz -Premio Nobel de economía- sacó una brutal crítica contra las instituciones financieras internacionales, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En Globalization and its Discontents mostró cómo las políticas de “fundamentalismo de mercado” de estas dos instituciones (y sus benefactores en el gobierno estadounidense) contribuyeron para exacerbar muchos de los desastres económicos de las últimas décadas notablemente las crisis en Asia y Rusia durante los años noventa. Considerado uno de los primeros ataques contra la manera en que se ha estado manejando la globalización, pronto quedó evidente que aún con sus muchos detractores (adivinen quiénes y en donde trabajan) no era un voz solitaria en un mundo regido por la infalibilidad del mercado. He aquí donde entra William Easterly, economista y profesor de NYU, que lanza un cañonazo aún más devastador contra los fallidos intentos del Occidente por imponer sus doctrinas económicas alrededor del mundo en el nombre del desarrollo.
Lo primero que viene a la mente con un libro llamado The White Man’s Burden: Why the West’s Efforts to Aid the Rest Have Done So Much Ill and So Little Good es el título mismo. Haciendo alusión al famoso poema de Rudyard Kipling que se convirtió en el estandarte del colonialismo del siglo XIX, Easterly anticipa que su libro no solo es una crítica al FMI y al Banco Mundial: es una crítica al Occidente mismo y sus actitudes soberbias, paternalistas e imperialistas en torno al Tercer Mundo. Easterly comienza haciendo la distinción entre dos tipos de personas: Planeadores y Buscadores. Los Planeadores, ejemplificados por instituciones como el FMI, el BM y la ONU o personajes como Jeffrey Sachs (quien sin duda es el economista que está en la mira de Easterly a lo largo del libro) hacen planes rimbombantes para salvar al mundo. Los Buscadores, sin embargo, son personas y organizaciones -generalmente locales- que buscan soluciones prácticas a problemas simples.
La tesis de Easterly es que los Planeadores fracasan rotundamente precisamente porque sus planes están totalmente enajenados de las realidades locales y no existe transparencia en sus métodos ni en sus resultados. Sin embargo, la popularidad de los Planeadores radica en su retórica utópica (en una sección, Easterly compara varias frases de Jeffrey Sachs con otras terriblemente similares de Robert Owen) y la necesidad de los gobiernos del primer mundo en financiar proyectos ambiciosos para satisfacer a sus constituyentes (porque toda persona preferiría pensar que sus impuestos se están yendo para erradicar la pobreza y no para cosas tan triviales pero efectivas como proveer de redes contra mosquitos en África). Mientras tanto, los Buscadores trabajan en silencio, resolviendo problemas locales con pocos recursos pero con muchos mejores resultados.
Tal vez la estadística más reflejante del fracaso de los Planeadores es que desde el fin de la 2a Guerra Mundial se han invertido 2.3 billones de dólares en ayuda al Tercer Mundo con magros resultados gracias a la creencia de los economistas de entonces en el “Big Push”, una teoría que afirmaba que los países pobres simplemente requerían un gran empujón para lograr crecimiento económico. Sin embargo, Easterly demuestra que los apoyos no fueron significativos para el desarrollo: la gran mayoría de países que sí lograron el despegue (básicamente los Tigres del sudeste asiático) lo hicieron con poca ayuda externa mientras que muchos de los que más ayuda recibieron siguieron estancados. Para colmo, mucha de esta ayuda estuvo condicionada, particularmente durante la Guerra Fría donde se usaba como premio para aquellos países aliados del Occidente contra el comunismo (cosa que no ha cambiado ahora que el nuevo enemigo es el terrorismo).
Peor tantito, el cambio de mentalidad de las instituciones financieras a partir de los ochenta, a favor de planes estructurales de ajuste y “terapia de choque” a la Jeffrey Sachs en cuanto a la liberalización de mercados tampoco dio resultados. Muchos de los países que hicieron más ajustes y recibieron más préstamos fueron los que peor quedaron, tal como Costa de Marfil que recibió 26 préstamos de este tipo durante los ochenta y noventa y sin embargo terminó en guerra civil. Ni hablar del hecho de que tantos de estos apoyos han sido a algunos de los gobiernos más corruptos, más despiadados y más irresponsables en la historia de la humanidad. Sin embargo, es raro que el FMI o el BM se adjudiquen incluso parcialmente la culpa del fracaso de sus acciones ni que existan mecanismos de evaluación independientes a sus políticas. He allí el asunto de la hipocresía: instituciones que supuestamente promueven la transparencia pero que de ninguna manera la aplican.
Mencionar todas las demás fallas de los Planeadores ya hasta parece un cliché de todas las críticas modernas hacia las instituciones financieras internacionales: los eufemismos que usan para no aceptar sus fracasos, la tremenda burocracia entre sus rangos, la poca coordinación entre dichas instituciones, otras organizaciones de desarrollo y ONGs y la ya mencionada nula evaluación que genera el problema perpetuo de que nadie se responsabiliza por sus malas políticas (y por ende, los pobres que son víctimas de dichas políticas no tienen con quién quejarse). Irónicamente todo esto ocurre bajo la manta de desarrollo participativo y democrático, donde los países junto con sus habitantes están involucrados en las políticas que los afectan, cosa que suena muy bonito en el sin fin de reportes de las organizaciones internacionales pero que casi nunca sucede en la realidad.
El último tercio del libro empieza describiendo la tragedia del SIDA en África y como el Occidente ha fallado en sus intentos por solucionar la crisis. Menciona cómo es más económico invertir en prevención tal como educación sexual pero este tipo de programas encuentra oposición por parte de la derecha religiosa; también cuestiona por qué no se enfoca un esfuerzo similar para combatir otras enfermedades más fácilmente tratables y que afectan a una proporción mucho mayor de africanos que el SIDA. Sin embargo, la sección más controversial de esta parte del libro es la colosal crítica que le hace al colonialismo europeo de antaño y al neo-imperialismo de la guerra fría hasta la fecha y como esta mentalidad condescendiente con la que el Occidente trata al resto del mundo perdura. ¿La solución de Easterly? No la hay. No hay planes grandiosos que salvarán al mundo de la pobreza.
Así pues la esperanza es en dejar que cada país encuentre sus propias vías de desarrollo sin tener que imponer políticas que muchas veces van en contra de la cultura y la historia local. Easterly no llega al extremo de decir que la ayuda externa es innecesaria, al contrario. No obstante dicha ayuda debe estar dirigida a las necesidades locales siguiendo los mismos mecanismos de responsabilidad que guían a los mercados (un ejemplo que da es crear un mercado de donantes y receptores de ayuda donde dichos donantes compitan para asignar sus recursos a proyectos específicos creados por organizaciones locales; tal cosa incluso ya existe a menor escala y ha sido un éxito rotundo). Tristemente, en nuestro mundo dominado por ortodoxias económicas de dudosa legitimidad, es difícil pensar que un cambio significativo en las políticas de desarrollo tome lugar al corto plazo. Pero se vale soñar.
(Mientras tanto, alguien que esté listo para revivir a Jeffrey Sachs después del infarto que seguro le daría leer este libro)









September 27th, 2007 at 8:53 am
Pedir que la ayuda de organismos internacionales sea desinteresada y en base a la agenda local de cada uno de los países que ayuda resulta irreal por dos cuestiones que me surgieron conforme iba leyendo tu reseña, puede haber más tal vez,
1) No hay ayuda sin agenda. Esto es por la obvia y sencilla razón que quien pone capital de su bolsillo, tiene que tener intereses qué defender, y no veo tan negativo que así sea. Si yo decido apoyar una causa con una donación, por lo general lo haré a una causa en la cual creo.
2) Basarse en la agenda local para apoyar económicamente se enfrenta con el problema número uno que el BM ha hecho explícito en sus reportes y publicaciones: la transparencia. Se necesitan mecanismos donde la información fluya, especialmente en cuando a destinos y usos de los recursos económicos.
Jugando un poco al abogado del diablo, las ayudas no han sido tan eficientes porque los gobiernos se han acomodado en la posición de víctima sin que existan incentivos para desarrollarse, y también por el asunto de la corrupción.
Sí es verdad que el BM y el FMI han sido maquinarias de la ideología capitalista, de acuerdo contigo y con el autor, pero por otro lado no creo que tendría que ser de otra forma considerando sus orígenes.
También estoy de acuerdo en que no tienen porqué imponer sus medidas a las naciones, pero nadie obliga a los gobiernos a pedir esos préstamos. Y si uno va a un banco a pedir dinero, se atiene a las letras chiquitas.
Saludos compañero
September 27th, 2007 at 10:33 am
El problema de los derechosos con respecto a la pobreza es que la “caridad” es algo que se ve muy bien. Las realidad indica lo contrario.
¿Como nos iriamos al cielo si no practicamos la “caridad”?
September 27th, 2007 at 1:39 pm
“También estoy de acuerdo en que no tienen porqué imponer sus medidas a las naciones, pero nadie obliga a los gobiernos a pedir esos préstamos.”
El problema es cuando estos países colapsan y no tienen otra opción más que recurrir a ayuda del FMI y el BM. Se convierte pues en un ciclo vicioso de crisis -> préstamos estructurales -> crisis ad infinitium.
September 27th, 2007 at 4:13 pm
Completamente de acuerdo en eso mi estimado amigo. Es verdad que éste es un sistema muy injusto, pero también debemos prestar atención a los grandes escándalos de corrupción que por lo general hacen que estas naciones colapsen.
September 27th, 2007 at 8:04 pm
¿No es todo esto muy parecido a las ideas de “lo pequeño es hermoso”?
Y entre ésos va Gabriel Zaid (¿alguien dijo que estaba pasado de moda?)
September 28th, 2007 at 4:45 pm
Coincido con Ricardo
-No son damas de caridad esas instituciones, deben de ver por sus intereses.
-Nadie le pone una pistola en la cabeza a los gobiernos de los países para tomar un crédito.
-La corrupción es el problema a atacar en esas naciones.
Sin embargo, también coincido con MZ
-Exigen políticas que ni ellos aplican, son hipócritas al no tener transparencia.
-¿Quién te garantiza que las políticas que te imponen realmente buscan tu bienestar? ¿Y si sólo buscan maximizar sus beneficios?