Debraye #36 - La ética de las buenas intenciones

Las Olimpiadas de Beijing todavía no empiezan y ya están dando de qué hablar: en estos pasados dos días las ciudades de Londres y París ya fueron sede de soberbios disturbios y protestas a lo largo del paso de la antorcha resultando en docenas de protestas y un vergonzoso incidente en Paris donde la antorcha fue -por primera vez en la historia por causas no-naturales ni técnicas- apagada. Detrás de todo esto está el movimiento pro-Tíbet que presiento hará todo posible para humillar y descalabrar todo intento de las autoridades chinas por librar una olimpiada impecable (¿no les recuerda a cierta olimpiada en cierto país un cierto octubre de 1968?)

Antes que nada, hago la aclaración de que apoyo total e incondicionalmente al movimiento pro-Tíbet. Lo apoyo aún más al ver la hipocresía de la comunidad china londinense abarrotados en Trafagal Square con sus banderas rojas y pancartas patéticamente defendiendo “sus olimpiadas” sin mencionar por un momento las atrocidades que su gobierno comete y ha cometido en el Tíbet (porque ya saben, es más importante tener un evento deportivo no-politizado para darle legitimidad a su mierda de gobierno que respetar los derechos de un pueblo brutalizado). Es una clase de nacionalismo tan barato, tan cínico que me daría vergüenza absoluta si ocurriera entre mis compatriotas, peor considerando que estos chinos casi todos son estudiantes universitarios donde aparentemente los conceptos de pensamiento crítico y cuestionamiento hacia la autoridad les son totalmente ajenos.

Pero me estoy extraviando el punto. Lo que encuentro un tanto perturbante es ver la cantidad de no-Tibetantos participando en las protestas. ¿Qué tiene de malo esto? Pues en principio nada. Mientras más y más variado sea el contingente de manifestantes, más impacto tendrá la protesta. Lo que sucede es que siento que los motivos de estos manifestantes no son del todo sinceros. Para empezando, veamos la intrínseca ironía de ver un inglés manifestándose a favor de la liberación de Tíbet siendo que su país conquistó brutalmente a Escosia, Gales e Irlanda del Norte, “países” que siguen bajo la corona inglesa. Supongo que ahora los gringos que protestarán en San Francisco querrán también manifestarse a favor de devolverle todo el territorio robado a México en el siglo XIX tras una guerra plenamente injusta (brutalidad es brutalidad sea hace 50 años o 150). ¿Dónde terminaremos? No sé, liberemos a Kurdistán, País Vasco, Chechenya. Ya de perdida dejemos de olvidarnos de que un lugar llamado Darfur existe y que gente allí está muriendo.

Mi conclusión es que las protestas no son una manifestación de interés genuino sino de moda. El año pasado fue Myanmar. El anterior Darfur. Antes de eso fue Iraq. México no ha sido ajeno a estas incongruencias. Yo fui uno de los pocos que vio con completo cinismo la llamada Marcha Contra la Violencia, no porque haya estado a favor de la ridícula afirmación de López Obrador de que era una campaña en su contra sino porque fue el resultado de un grupo de señoritas fresas clientes de Perisur que se empezaron a quejar de que empezaron a haber asaltos y secuestros en el estacionamiento de dicho centro comercial. Pregúntome yo, ¿por qué no les importó un carajo cuando gente había sido asaltada y secuestrada en el resto de nuestra caótica y violenta ciudad? Ah no, solo hasta que ser Totalmente Palacio se convirtió en un asunto de vida o muerte de pronto les importó el nivel de violencia a tal grado que primero organizaron un boicot de Perisur y posteriormente la famosa marcha (que para variar culminó con una serie de promesas de don Chente que al fin de cuentas y como era de esperarse no cumplió).

Pero he aquí el dilema: ¿a qué grado cuenta más la intención que el hecho mismo? Una persona podría darle limosna a un desamparado por un sentimiento genuino de compasión, otra le podría dar con la esperanza de que se largue de su calle. El resultado fue el mismo pero la intención no. Este dilema también se manifiesta en a arena de las políticas sociales, tal como es el caso del banco de micro-financiamiento Compartamos que ha sido fuertemente criticada por gente como Muhammad Yunus debido a su modelo de negocios que claramente se asemeja más a un modelo de mercado que de una empresa social como el Banco Grameen. La controversia origina por la decisión de Compartamos por cotizarse en la bolsa y su inexorable aumento en ganancias en los últimos años incluyendo $150 millones para sus ejecutivos por la mera venta inicial de acciones. Por lo tanto tenemos el argumento de que Comportamos indudablemente está contribuyendo a financiar personas que de otra manera estarían enajenadas del sistema financiero y el aparato de asistencia social público, pero por otro también es cierto que sus intenciones no parecen ser guidadas por otra cosa que las ganancias.

Para terminar, me gustaría poder simplificarme la vida pensando que mientras más protestas y mientras más campesinos pobres reciban créditos, mejor. Pero no lo es porque es una situación que claramente no es óptimo de Pareto (concepto económico en donde nadie puede estar mejor situación sin empeorar la situación de alguien más): ¿Cuántos créditos se pudieron haber dado con esos $150 millones extra que se embolsaron los dueños de Compartamos? ¿Qué mejor sería este mundo si la gente dejara de protestar solo por mentirse a si mismos de que están haciendo algo en vez de dedicar una parte un poco más substantiva de sus vidas a sus causas? El argumento de que algo es mejor que nada no solo es absurdo sino que nos lleva a justificar cosas como el Fobaproa o hasta que Saddam Hussein fuera removido del poder (porque un rescate bancario fue mejor que ningún rescate bancario y sin duda el mundo está mejor sin Saddam que con él).

Mientras los medios no se justifiquen con el mismo rigor que los fines, quedaremos en un limbo moral y ético donde la delgada línea entre lo bueno y lo incorrecto cada vez será más difícil de distinguir.

¿Están de acuerdo o están de acuerdo?

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3 Responses to “Debraye #36 - La ética de las buenas intenciones”

  1. strika Says:

    Totalmente de acuerdo. El budismo está en contra de la violencia. Así que realmente no viene al caso ir a tratar de defender la causa tibetana con conatos de violencia. Eso sí, pienso que China no se merece esos juegos olímpicos… Aunque, pensándolo bien, ¿qué país se los ha merecido?
    Saludos

  2. Roberto A. Pérez Díaz Says:

    Oye mz;
    hay algo que debes saber de mi:
    yo estuve en la marcha contra la violencia….
    Pero sólo porque me llevaron los jesuitas como parte de su adoctrinamiento para que terminara sirviendo como voluntario en una casa hogar para niños en situacion de calle.

    xD

  3. Bitácora [im]personal de Pepe Flores » Blog Archive » Links del día [09/04] Says:

    […] Master Zen entrega una reflexión sobre las protestas contra los Juegos Olímpicos y la ética de las buenas intenciones. […]

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