La justicia de un almuerzo gratis
Milton Friedman no estaría de acuerdo
Hace rato estaba escuchando un debate de Milton Friedman con tres economistas islandeses en 1984. En general creo que el Chicago Boy era muy bueno para debatir aunque con la tendencia de simplificar demasiado (o sea, simplificar un argumento complejo y refutable en una analogía simple e irrefutable). Además creo que algunas de las preguntas que le hicieron no estuvieron bien planteadas. En fin, se me hizo muy interesante el último tema de discusión, ya para concluir el debate: uno de los islandeses le comentó que le hubiera gustado ir a escuchar su plática en la Universidad, sin embargo y rompiendo con la tradición histórica de pláticas gratuitas, la plática tendría un precio sumamente alto y por ende, no podría atender. Friedman primero se lavó las manos diciendo que él no estaba ganando nada de ese dinero, pero justifico el precio de la manera típicamente neoliberal: que no había ninguna injusticia en que la plática fuera cobrada ya que eso aseguraba que los que estaban interesados en ir, pagarían por atender mientras que si fuera “gratis”, estaría siendo pagada por gente que no iría (porque al fin de cuentas, son los impuestos de la gente los que pagan por una universidad pública y todos los gastos que incurre). Es una lástima que el debate concluyó sin que los islandeses pudieran refutar ese punto, pero se me hizo interesante reflexionar sobre ese argumento ya que es la esencia de su famosa frase de que “no existe tal cosa como un almuerzo gratis”.
Efectivamente no existen los almuerzos gratis. Todo servicio público gratuito no es realmente gratuito ya que proviene de los bolsillos de los contribuyentes. En el caso de la plática, podemos observar que existen dos tipos de justicia. La primera involucra la distribución del bien o servicio, por lo cual el sistema más justo es el que garantiza que la mayoría de la gente pueda tener acceso a ello (“justicia distributiva” para usar el término de Rawls). En este sentido, es obvio que la plática gratuita, financiada por los impuestos, es el sistema más justo ya que todo aquel que quisiera escuchar la plática, podría. Pero por otro lado, está la justicia de quién paga por el servicio. Al ser “gratuita”, los costos de la plática son financiados por los contribuyentes, por lo que termina siendo pagada por gente que nunca ha puesto un pie en la universidad, que tal vez ni siquiera viven en la ciudad. ¿Es justo que ellos paguen por un servicio fuera de su alcance? Podremos llamar esta justicia, justicia de mercado.
Para el caso de la plática (y para casi todo), ambas justicias son mutuamente excluyentes: no se puede tener justicia redistributiva ni justicia de mercado al mismo tiempo. ¿Cuál es más importante? Pues esto depende del fin ulterior del bien o servicio en cuestión. Es evidente que un sistema de salud enteramente privado excluiría a una proporción significativa de la población. Por otro lado, no me imagino justificado que mis impuestos paguen por el iPod de alguien más si es que algún gobierno decidiera necesario que toda la población tuviera iPods. No voy a entrar más en detalle porque los argumentos de justicia merecen libros enteros, no un post simplificado en un blog (para los interesados, lean a Rawls y a su contraparte libertariano, Nozick quien no obstante proporciona muchos argumentos interesantes). Pero es imposible escapar el asunto de la justicia a la hora de la toma de decisiones y no es tan fácil como aplicar un principio de manera universal.
En fin, queda claro que no existe tal cosa como un almuerzo gratis. ¿Pero sería justo que la gente se quedara sin comer?









March 8th, 2009 at 7:44 pm
Con la analogía de la conferencia y el almuerzo creo que se hace lo que se critica: pasar de un ejemplo simple a uno complejo. Amplificar lo simple.
Si la conferencia no es gratuita, al ser proveída, si entiendo bien, por una universidad pública, se asegura no sólo que vayan los interesados sino también que los no-interesados tengan que pagar por tal conferencia. Ahí el punto de Milton al acotar que “estaría siendo pagada por gente que no iría”, pues es gente no interesada en la conferencia. Así las cosas, el precio del bien/servicio está siendo pagado por aquellos a quienes efectivamente les interesa.
Ahora bien, en el caso del almuerzo, ciertamente a todos nos interesa que la gente coma. Cosa ya muy diferente a escuchar a equis conferencista en alguna universidad pública, sea incluso alguien de la talla de Friedman (por cierto, corregir el pie de foto). El punto a discutir sería entonces el cómo erogar los gastos relacionados a la provisión de ese bien. No es justo por supuesto que la gente se quede sin comer. Justo es que algunos se queden sin escuchar de viva voz a Friedman.
Saludos cordiales,
Mael Aglaia
March 8th, 2009 at 9:35 pm
Y, por supuesto, no fue un mortal economista el que dijo tan famosa frase, para variar fue uno de los grandes e inmortales escritores de ciencia ficción: “There ain’t no such thing as a free lunch” es la frase y Robert A. Heinlein el autor que en su novela “The Moon Is a Harsh Mistress” la popularizó. A Friedman tan solo le gustaba y la repetía seguido.
March 8th, 2009 at 10:00 pm
Ya ves, sigan leyendo sci-fi y terminarán como Friedman :P
July 2nd, 2009 at 12:48 pm
check this out…
this is mine…
February 5th, 2010 at 1:13 am
Joe…
Check out my domain sometime….
April 27th, 2010 at 10:15 am
Yo creo que la esencia de la frase esa (que Haplo nos recordó bien que es de Henlein) no es tanto lo referido al almuerzo, sino a que NADA es gratis en este mundo, como lo indica la teoría de la evolución (lo siento por los literalistas bíblicos). Pero, viendo las cosas desde el punto de vista de los trabajadores, lo que es injusto es que la labor de alguien no sea bien remunerada, o peor, no remunerada simplemente. Independientemente de cuanto costó el almuerzo, yo me pregunto quién pago y cuanto a la señora que lo cocino y al mesonero que lo sirvió. Mi justicia empieza no con las necesidades, sino con lo que hacemos con ellas, y aparte de ganancias, lo que hacemos es convertirlas en oportunidades y trabajo. No tiene sentido preguntar quien no debe comer, porque todos debemos hacerlo. Tiene sentido preguntar quien va a hacer algo al respecto, que hago yo al respecto, y libremente, no por un papacito Estado o un partido ernestoguevarista que me apunta con su pistola. Por eso me parecen más razonables los planteamientos de derecha.