Crónica de una crisis anunciada
Un microcosmo de la crisis, 10 años antes
Inversiones atrevidas y riesgosas por las mentes más brillantes del mundo de las finanzas. Pérdidas millonarias. Pánico en los mercados. Intervención del gobierno para evitar un colapso financiero mayor. No, no hablo de los eventos de Septiembre del año pasado cuando la caída de Lehman Brothers casi arrastra al sistema financiero mundial al infierno. Hablo de 1998, y estas mentes brillantes eran los “genios” detrás de un famoso hedge fund llamado LTCM: Long-Term Capital Management. En 1998, LTCM sufrió pérdidas catastróficas que los llevó a la ruina y solo la acción concertada del gobierno estadounidense al lado de varios bancos previno una calumnia mayor. 10 años después, nadie aprendió la lección.
Esta es la crónica de una crisis anunciada. Esta es la historia de LTCM.
Mentes brillantes
LTCM fue fundada en 1993 por John Meriwether, que hace unos años antes fue forzado a renunciar de Salomon Brothers (en ese entonces, uno de los principales bancos de inversiones del mundo) debido a su relación con fraudes al gobierno federal, algo que poco tiempo después resultaría en la caída del banco y su subsecuente adquisición por parte de Citigroup. Como buen banquero, no se iba a quedar con los brazos cruzados: reclutó a varios ex miembros de Salomon, un virtual dream team de cerebros financieros que incluía entre sus rangos a dos economistas que a la postre serían premios nobel: Myron Scholes y Robert Merton. También aseguró cuantiosos fondos de individuos e instituciones que no duraron un instante en confiarle sus millones, siempre y cuando les devolviera más. En 1994, LTCM entró en acción con más de mil millones de dólares de capital.
En poco rato, LTCM se convirtió en un gigante en el mundo obscuro pero glamoroso de los hedge funds. Para los que no saben lo que es un hedge fund (en español se les conoce como “fondos de inversión alternativa”, aunque su nombre en inglés es más común), o no conocen bien su modus operandi, básicamente son fondos cuyo propósito es llevar acabo inversiones que maximicen su “alfa”, es decir, sus ganancias por encima del riesgo que incurren. Como sabrán, las inversiones más riesgosas son aquellas con mayor rendimiento y por estos motivos es que la mayoría de los fondos tienen límites hacia lo que pueden hacer (un fondo de pensiones, por ejemplo, jamás se le permitiría hacer cierto tipo de inversiones por temor a perder los ahorros de miles de personas). Los hedge funds no tienen estos límites y carecen de regulación bajo la premisa de que juegan con dinero de gente capaz de absorber las pérdidas.
Venciendo al mercado
A cambio de su genialidad, los gerentes de los hedge funds reciben compensaciones astronómicas, generalmente bajo un sistema de “2 y 20”, es decir, 2% de los activos netos del fondo, y 20% de las ganancias. Así que si le das $100 millones a un gerente y logra convertirlo en $150 millones para final de año, se habrá embolsado $12 millones para sí solito. Obvio que se lo tendrá que repartir entre sus chalanes pero los hedge funds son pequeños ya que muchas de sus operaciones son automatizadas por modelos computarizados diseñados por doctores en astrofísica e ingeniería aeronáutica (en serio). Cualquier movimiento de mercado que coincida con la estrategia de inversión del fondo, y automáticamente se efectúa en milésimas de segundo. Estos movimientos, a veces mínimos, se magnifican por la capacidad del fondo de apalancarse (endeudarse) muy por encima de su capital, frecuentemente hasta 20 veces o más (ejemplo: un aumento de 5% de una inversión se convierte en una ganancia de 100% si tu razón de deuda-a-capital es 20:1).
Las estrategias de LTCM se aprovechaban de estos movimientos infinitesimales en la convergencia de bonos y acciones; en pocas palabras, arbitraje. Por ejemplo, LTCM se dio cuenta que las diferencias de bonos de tesorería de 30 años y de 29 años eran mayores a lo que se esperaría, por lo tanto, si compraban el de 29 años y vendieran corto los de 30, harían una ganancia cuando esta diferencia se redujera a la hora de que el gobierno emitiera nuevos bonos. Lo mismo con acciones de ciertas compañías casi idénticas, en el caso de LTCM eran Royal Dutch y Shell (que en la práctica son una misma compañía pero se cotizan por separado en las bolas inglesas y holandesas). Sus estrategias rindieron frutos: para 1998 tenían casi $130 mil millones en activos aunque se habían endeudado 25:1 (nada raro para un hedge fund). Más impresionante, habían invertido en derivados con un valor nocional de $1.25 billones de dólares, más del tamaño de la economía mexicana. Con sus sofisticados modelos, LTCM había logrado con la matemática lo que la intución nunca pudo: vencer al mercado.
Colapso
Pero la crisis rusa de 1998 terminó tumbándolos de su pedestal. Cuando el gobierno ruso anunció una moratoria en sus bonos, los mercados financieros mundiales entraron en pánico: se deshicieron de sus bonos (no solo rusos sino japoneses y europeos) y se refugiaron en masa hacia el activo más seguro del mundo: bonos de la tesorería estadounidense. Ergo, el valor de estos bonos se disparó y las diferencias que antes habían sido la fuente del arbitraje de LTCM se transformaron en pérdidas millonarias casi instantáneas. Así como el apalancamiento magnificó las ganancias de LTCM, hizo lo mismo con sus pérdidas que fueron todo menos infinitesimales (la lógica inversa del ejemplo anterior es que una pérdida de solo 5% bajo un apalancamiento de 20:1 te dejaría en ceros).
Las inversiones de LTCM estaban tan extendidas por los mercados financieros que su colapso potencial se vio como el primer paso en una tragedia mayor, cuyas consecuencias arrastrarían al mercado entero. Al necesitar capital para cubrir sus deudas inminentes, LTCM estaría forzado a vender sus activos lo cual haría que cayeran de precio, creando un ciclo vicioso de ventas y depreciaciones que nadie podría detener. La Reserva Federal de Nueva York tuvo que entrar en acción y organizar un rescate por parte de los principales bancos mundiales. Pero aunque LTCM se salvó por el momento, fue finalmente liquidado en el año 2000. John Meriwether eventualmente empezaría otro hedge fund (JWM Partners) donde permanece hoy día.
Las lecciones
¿Qué aprendimos de esta lección de capitalismo desenfrenado? Absolutamente nada. Si acaso, la siguiente década fue aún más eufórica y desmedida. Los hedge funds se multiplicaron como plaga y nadie movió un dedo para regularlos aún siendo evidente que sus efectos sobre los mercados financieros eran enormes, y su capacidad para desestabilizarlos estaba muy por encima del riesgo que representaban para sus ya de por sí ricos inversionistas. Peor aún, si un solo hedge fund pudiera tener inversiones billonarias a través de todo tipo de mercados (bursátiles, bonos, derivados, divisas), ¿qué pasaría cuando instituciones aún más grandes – como los bancos de inversión – se volvieran igual de irresponsables? Total, en 1998 la palabra “sub-prime” no había entrado en uso cotidiano y los famosos derivados “exóticos” como los Credit Default Swaps y Collateralized Debt Obligations apenas empezaban a popularizarse (es más, los CDS apenas se habían inventado un año antes). ¿Qué pasaría cuando la tragedia de LTCM se magnificara al mismo ritmo que su voraz apalancamiento?
El resto es historia, y la estamos viviendo.
Posdata
En el 2008, 1,471 hedge funds fueron liquidados debido a la crisis.
(Desafortunadamente, aún quedan más de 9 mil)
Para otra perspectiva, léanse este excelente artículo de BusinessWeek sobre LTCM









June 4th, 2009 at 10:38 am
[...] cuyas consecuencias arrastrarían al mercado entero. Al necesitar capital para cubrir …Leer la noticia completaEl Ministerio de la Verdad » Blog Archive » Crónica de una crisis … [...]
June 10th, 2009 at 6:02 am
desgraciadamente si algo le pasa a los gringos, a todos nos llevan entre las patas
SI pudiera, regresaría de entre los difuntos al mejor presidente de México, me refiero por obvias razones a Porfirio Díaz
Lo regresaría para que se diera cuenta de que por su culpa México quedó empobrecido pero eso sí, modernizado